Después de algún que otro “para siempre” que duró menos que un paquete de hielo en agosto, un par de cuentos chinos nivel Netflix y varias decepciones con gente que prometía el cielo pero no sabía ni sostener una conversación incómoda… acabas entendiendo algo muy simple: cuando aparece la persona correcta, todo deja de sentirse tan complicado.
Porque la persona correcta no juega al ahora sí, ahora no, no desaparece cuando las cosas se ponen reales, no te deja adivinando lo que siente como si estuvieras resolviendo un escape room emocional.
La persona correcta no dura dos noches ni tres copas de más, dura en los días normales, en los silencios, en los domingos tontos, en los “avísame cuando llegues”, en las buenas noches que no se olvidan, en los pequeños detalles que hoy parecen casi ciencia ficción.
Es alguien que te hace sentir tranquila sin aburrirte, que te da alas sin soltarte la mano, que no necesita controlarte para elegirte cada día, alguien capaz de recordarte el primer beso, la primera risa absurda, el primer abrazo de esos donde ya notas que algo cambia por dentro.
La persona correcta no viene a salvarte la vida como en las películas, bastante tiene con gestionar la suya, pero sí se queda a tu lado mientras ordenáis juntos el caos, te escucha cuando ni tú te entiendes, te abraza cuando no sabes explicar qué te pasa y convierte lo cotidiano en un lugar bonito donde quedarse.
Y no, no es perfecta, gracias a Dios, porque bastante miedo dan ya las personas que parecen sacadas de una frase motivacional de taza de desayuno. La persona correcta también tiene heridas, días malos y manías raras… pero sabe cuidarte incluso en medio de todo eso.
Es la que entiende que amar no es poseer, que no le perteneces… pero aun así no quiere compartir tu ausencia con nadie más. La que construye contigo poco a poco, sin prisas, sin espectáculos, sin hacer del amor una competición de egos.
Y después de tantas historias mal escritas, te das cuenta de que el amor bonito sí existe y que ya llegará cuando tenga que llegar, sin regalarte amores equivocados, sin prisa, sin pausa, cuando tenga que hacerlo… y no hará ruido.
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