2026/10/16

Poderosa empatía..

 Hay algo a lo que últimamente le doy muchas vueltas por situaciones que veo y que me cuesta comprender… Y es hasta dónde puede llegar la maldad de algunas personas.


Cómo pueden cambiar lo que ha pasado, sacar palabras de contexto y contar las cosas a su manera, sin importar el daño que pueden hacer.


Y lo más triste es que muchas veces ni siquiera preguntamos... Escuchamos una versión, la damos por cierta y juzgamos sin conocer toda la historia.


Y claro que duele. Aunque tengas la conciencia tranquila y sepas quién eres, duele que te juzguen sin conocerte de verdad. Sentir no nos hace débiles.


Pero con el tiempo aprendes que no tienes que ir por la vida explicándote ante todo el mundo. Quien de verdad quiera comprender, escuchará antes de juzgar.


No necesitas hablar mal de nadie para defenderte ni cambiar tu forma de ser para demostrar quién eres. Cada persona conoce sus actos y sabe lo que hay detrás de sus propias decisiones.


No siempre hace falta dar explicaciones. A veces, elegir el silencio es simplemente entender que no todo merece una respuesta.


No eres perfecta, ni pretendes serlo. Pero hay tranquilidad en no tener que hacer daño a nadie para quedar bien.


A veces, callar no significa no tener nada que decir, sino saber que no todas las situaciones necesitan una explicación.


Al final, es mejor cuidar la paz que desgastarse intentando convencer a quienes ya han sacado sus propias conclusiones.


No hace falta devolver el daño ni desearle mal a nadie. Cuando se cree en Dios, también se aprende a confiar en que cada acto tiene sus consecuencias y que lo importante es seguir haciendo las cosas desde el corazón.


Porque, aunque no siempre podamos cambiar lo que los demás hacen, sí podemos elegir no perder nuestra esencia por el camino. 



2026/10/15

UNA PELÍCULA MEXICANA DE 2017 PREDIJO.

 ¿UNA PELÍCULA MEXICANA DE 2017 PREDIJO EL NOMBRE Y LA MUERTE DEL PAPA LEÓN XIV? 

Mucha casualidad? El martes 13:2026 Se operó al papá de un nódulo pulmonar.

Una escena de la película de terror El habitante, dirigida por Guillermo Amoedo y estrenada en 2017, está causando revuelo en internet por una coincidencia que parece sacada de una profecía.


En una de sus escenas aparece un noticiero ficticio anunciando la muerte de un papa llamado León XIV, mencionando una septicemia y un colapso cardiopulmonar irreversible. Lo inquietante es que, ocho años después, en mayo de 2025, Robert Francis Prevost fue elegido papa y adoptó exactamente ese mismo nombre.

Pero hay otro detalle que ha llamado la atención: en la escena también aparece la bandera de Perú, país con el que el actual pontífice tiene una estrecha relación.

La coincidencia ha despertado teorías sobre cómo una película escrita años antes pudo incluir un nombre que, en aquel momento, nadie sabía que sería elegido para el nuevo pontífice.

Sin embargo, hay un dato importante: el director Guillermo Amoedo explicó que eligió ese nombre inspirándose en antiguas profecías y teorías apócrifas. Por lo tanto, la escena fue concebida como parte de una ficción, aunque hoy resulte sorprendente.

¿Una casualidad extraordinaria o una de esas coincidencias que parecen desafiar toda lógica?

2026/10/13

¿TIENES MIEDO?

 🔥 ¿TIENES MIEDO?


¿De qué tienes miedo?

¿De aquello que hiciste?

¿O de que algún día la verdad consiga atravesar todas las máscaras detrás de las que escondiste tu conciencia?

Hay conciencias que no necesitan cárceles, porque viven encerradas en su propia oscuridad.

Personas que sonríen durante el día mientras cargan por dentro con todo aquello que jamás se atrevieron a reconocer.

Puedes engañar a quien quieras.

Puedes inventarte una versión más bonita de ti mismo, repartir culpas, disfrazar tus miserias de errores y hacerte la víctima cuando te convenga.

Pero hay algo que jamás podrás engañar:

tu propia conciencia.

Porque la conciencia oscura no grita delante de los demás.

Es mucho más silenciosa.

Se sienta contigo cuando apagas la luz y te recuerda aquello que hiciste creyendo que jamás tendría consecuencias.

Y ahí empieza el verdadero castigo.

No cuando alguien te descubre.

No cuando alguien te señala.

Sino cuando tienes que quedarte a solas contigo mismo y ya no encuentras ninguna mentira suficientemente grande para soportar tu propio reflejo.

Y entonces llega esa justicia que no necesita testigos, jueces ni sentencias.

La justicia eterna.

La que no hace ruido.

La que no avisa.

La que simplemente llega y se instala dentro de quien hizo daño.

Ese fuego que arde sin que nadie pueda apagarlo.

Ese fuego que no consume la piel, sino la conciencia.

El que permanece encendido mientras recuerdas cada daño, cada traición, cada lágrima que provocaste y cada vez que elegiste hacer el mal pudiendo haber elegido no hacerlo.

Así que sí… puedes tener miedo.

Pero no de mí.

Ten miedo de la oscuridad que llevas dentro.

Ten miedo de ese fuego que nadie ve, pero que tú conoces perfectamente.

Porque hay personas que consiguen escapar de la justicia de los hombres…

pero nadie escapa para siempre de la justicia que lleva escrita en su propia conciencia.

Y cuando llegue la noche, cuando se apaguen las luces y ya no quede nadie a quien engañar…

solo estarás tú, tu conciencia y ese fuego.


 Y ESE FUEGO NO SE APAGA.



Ser dueña de tu destino..

 He leído una frase que me ha hecho pensar: Soy la dueña de mi destino y la capitana de mi alma...


Llega un día en el que tú cabeza hace "click" y te das cuenta de que llevas tanto tiempo intentando que todo el mundo esté bien contigo, que casi te has olvidado de preguntarte si tú estás bien con tu propia vida...


Has sido la que comprende, la que perdona, la que se adapta, la que dice "no pasa nada" aunque por dentro sí pase... 


La que calla para no discutir, la que se queda un poco más, la que intenta que nadie se sienta mal... aunque para eso tenga que tragarse lo suyo.


Y no lo haces porque seas tonta... 


Lo haces porque quieres, porque te importa, porque a veces da miedo decepcionar a los demás o descubrir que cuando dejas de estar siempre disponible, no todo el mundo se queda.


Pero llega un momento en que te cansas... No de querer a la gente, sino de tener que dejarte para lo último.


Y empiezas a entender que también puedes decir que no, cambiar de opinión, marcharte de donde ya no estás bien y elegir algo distinto sin tener que convencer a nadie de que tienes motivos suficientes.


Eso también es crecer... dejar de vivir como si tuvieras que pedir permiso para ser quien eres.


Ser dueña de tu destino no significa saber adónde vas ni tenerlo todo resuelto... A veces significa dar un paso con miedo, equivocarte y volver a empezar. 


Y ser capitana de tu alma, quizá, sea no abandonarte justo cuando más dudas de ti.


Porque no puedes controlar lo que otros piensen, ni evitar todas las despedidas, ni conseguir que todo salga como esperabas...


Pero puedes intentar no traicionarte para que alguien se quede.


Y ojalá llegue un día en que, al mirar atrás, no solo recuerdes a quién cuidaste, cuánto diste o por quién estuviste ahí...


Ojalá también recuerdes las veces que te elegiste, aunque te temblaran las piernas.


Porque esta vida es tuya, y no tienes que ganarte el derecho a vivirla a tu manera.



 

2026/10/12

12 de octubre nada que celebrar..

 «NADA QUE CELEBRAR Y SÍ MUCHO QUE LAMENTAR»


"¿Celebrarías el Holocausto nazi si fueras alemana?


¿O lo harías con cualquier otro, como el de Ruanda (1994), el de Camboya (1975-1979), el de Bosnia (1995), el de Sudán (desde 2003, aún hoy), el yazidí (desde 2014, aún hoy) o la actual y también olvidada persecución de los rohinyás en Myanmar (desde 2017)?


Por desgracia, podría hacer infinitamente más larga la lista. Y eso que solo he puesto unos pocos ejemplos como referencia de lo que es una masacre de los siglos XX y XXI.


Pero yo sigo con la pregunta:


¿De verdad que hay alguien que celebre todo esto? ¿En serio?


¿Quién celebra los holocaustos y los momentos de la historia en los que la barbarie inhumana ha ejercido y ejerce su supremacía y crueldad sobre otra parte de la humanidad?


Está claro quién, ¿verdad? Solo un/a ignorante, inconsciente, tarado/a y psicópata. Solo un delirio social lleno de rituales dantescos para ensalzar el ego y la maldad, sustentado en un montón de mentiras para justificar tal afrenta e ignominia, podría hacerlo.


Pues ese es el equivalente a celebrar ese "descubrimiento" del 12 de Octubre de 1492.


Que síiii, que «fueron otros tiempos», que ahora eso de la conquista de América es historia.


Pero… ¿no pasa nada por mirar la historia con propiedad tampoco? ¿Verdad?


Vamos a mirar con lupa, entonces.


Para empezar, «eran otros tiempos» es una frase que nunca he entendido por qué se considera siquiera un argumento.


¿Qué otros tiempos exactamente? ¿A qué se refieren con eso? ¿A que todo el mundo pensaba igual? ¿A que nadie sabía que aquello era una barbaridad? ¿A que, como hoy supuestamente tenemos una mayor conciencia (mentira) de lo que significa un genocidio, entonces nadie podía entenderlo ni cuestionarlo?


Porque eso es lo que parece que se pretende justificar cuando se recurre a esa frase.


Y no, no es verdad. Para empezar, estaban los propios pueblos indígenas, que se resistían, que se defendían y que luchaban contra quienes pretendían someterlos. ¡Hasta el día de hoy!


¿Acaso esa resistencia no nos dice nada? ¿Acaso el sufrimiento, el rechazo y la lucha de quienes padecían —y aún padecen— aquella violencia no eran suficientes para entender que aquello estaba y sigue estando mal? No hacía falta esperar siglos para que las víctimas supieran que estaban siendo sometidas, despojadas de sus tierras, violentadas y asesinadas.


Pero claro, entiendo que esa frase solo sirve para justificar al victimario y así pasar por encima de las víctimas e ignorarlas. Porque estas, al fin y al cabo, son las «nadie», como decía Eduardo Galeano.


Sin embargo, ¡qué curioso!, en esos «otros tiempos», como AHORA, tampoco faltaban voces contrarias a aquellas prácticas. Hubo personas que denunciaron los abusos, cuestionaron la conquista y defendieron a los pueblos indígenas. Por tanto, no podemos utilizar la época como excusa para fingir que nadie sabía, que nadie comprendía o que nadie podía actuar de otra manera. Si había personas que denunciaban aquellas atrocidades, es evidente que existía la posibilidad de reconocerlas y oponerse a ellas.


Lo que pasó, como sucede ahora, es que no les dio la real gana de tener una pizca de humanidad. Por eso, ahora debería ser una vergüenza querer celebrarlo.


Así que sigamos fijándonos con detalle en qué hay detrás de esa frase comodín.


¿Qué otros tiempos exactamente? Porque estamos en el siglo XXI y seguimos viendo cómo se cometen atrocidades contra pueblos enteros. Seguimos viendo genocidios, masacres, ocupaciones, apartheid por sexo, misoginia, violaciones, expulsiones forzosas y exterminios, mientras hay quienes los justifican, quienes los niegan y quienes miran hacia otro lado por ciertos intereses ocultos. Seguimos viendo cómo se deshumaniza a las víctimas para que una parte de la sociedad acepte o incluso apoye lo que se está haciendo. Exactamente lo mismo en lo esencial, aunque cambien los escenarios, las épocas, los discursos y las formas de ejercer la violencia.


Hoy contamos con armas, tecnologías y estrategias de destrucción cada vez más sofisticadas. ¡Y claro! Siguen utilizando la mentira, la propaganda y la manipulación para justificar lo injustificable. ¿De verdad hemos evolucionado tanto como nos gusta creer? ¿De qué sirve presumir de progreso si seguimos reproduciendo las mismas relaciones de dominación y justificando la barbarie cuando quienes la sufren son otros?


Es más, se celebra como fiesta nacional.


¿De verdad que no os da ninguna vergüenza?


Por eso, «eran otros tiempos» no es un argumento que justifique nada. Ni sirve para absolver ni podemos convertir las circunstancias históricas en excusas.


Porque explicaciones puede haber muchas, pero justificaciones: NINGUNA. Y tiene menos justificación aún, frente a los hechos ya inevitables del pasado, celebrarlo en el presente, sobre todo sabiendo el daño que se hizo.


La historia no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de quienes vencieron, conquistaron y dominaron, sino también desde la experiencia de quienes resistieron, denunciaron y sufrieron las consecuencias. De quienes aún resisten y siguen denunciando.


Porque la humanidad no ha dejado de cometer atrocidades por el simple hecho de avanzar en el calendario. Mientras sigamos justificando la violencia por la época en la que se produjo, estaremos utilizando el pasado como coartada para no cuestionar el presente, tan injusto aún.


Ya sabemos quiénes escriben la historia, lo sabemos: son quienes mandan, quienes ganan las guerras, quienes dominan y quienes imponen su poder. Por eso, las voces contrarias, las de quienes denunciaban las barbaridades que se estaban cometiendo, quedan silenciadas hasta la actualidad o desacreditadas de una forma u otra.


Estoy harta de escuchar semejantes ignorancias como estas: que si ya pasó y era otra época, que si les llevaron «civilización» e incluso les vino mejor… Además de esto último, que representa ese pensamiento colono y antropocéntrico, ya estamos viendo lo bien que les ha ido con tanto colonialismo. Ya veo, ya.


Pero esas voces existían y aún existen. Aún está el eco de esa herencia, clamando justicia y pidiendo, como mínimo, que no se celebre ese holocausto.


Así que debo recordar que en todos los tiempos ha habido personas con la lucidez suficiente para reconocer la barbarie y enfrentarse a ella. Igual que ahora tenemos la lucidez suficiente para reconocer el genocidio que está sufriendo el pueblo palestino y denunciar lo que están haciendo Israel, sus aliados de Europa y EE. UU. y otros países del mundo bien comprados.


Porque, fíjate en esto:


Después de tanta lucha social…, siguen ahí, haciendo lo que les da la gana a pesar de las protestas mundiales. Es más, hay gente que lo justifica, que lo apoya y que incluso niega lo que está ocurriendo. También hay quienes todavía celebran a los nazis.


(Eso será porque parece que tiene que haber de todo: virus, miserables, escoria, mierda y fango en todas partes, claro está).


Pero que haya personas o sociedades enteras capaces de justificar, fomentar, perpetrar, apoyar o celebrar la barbarie no significa que esta sea legítima, que debamos normalizarla ni, mucho menos, que tengamos que convertirla en motivo de celebración, y menos aún como símbolo nacional. Porque es de vergüenza, por lo que representa y por lo que dice de una nación, que eso se celebre.


Así que sí, era otro tiempo y otra historia. Sin embargo, aún está presente, porque está claro que, por celebrarla y por negarla, aún seguimos repitiendo la historia de los crímenes contra la humanidad en vez de condenarlos.


El criterio de ahora (gracias a los Derechos Humanos, traídos por el movimiento de la historia feminista) nos permite reconocer aquella violencia y sus consecuencias. Y precisamente porque conocemos la historia, porque sabemos lo que significan la conquista, la colonización y el exterminio de pueblos enteros, tenemos la responsabilidad de revisar qué celebramos y por qué lo celebramos.


Porque, si todavía lo celebras, es porque sigues siendo parte de esa humanidad privilegiada que alberga en su fuero interno a esos mismos conquistadores perversos e incoherentes y que aún no ha evolucionado.


Porque, si se celebra, es porque saben y creen que, si se les da la oportunidad, la fuerza y el poder, como demuestran los ejemplos que he puesto al principio, hoy volverían a hacer lo mismo.


Y así una y otra vez.


Eso es lo que significa celebrar la conquista de otros pueblos y la colonización en sí.


Porque, si aún hoy en día no han parado los exterminios, es porque se empeñan, como hoy, 12 de octubre, en celebrarlo una y otra vez, en vez de enseñar a las nuevas generaciones que esos episodios de la humanidad son una vergüenza y nunca podrán ser dignos de ninguna celebración.


Así que conocer la historia es importante; estudiarla y comprender el contexto en el que sucedieron los hechos, escuchando todas las versiones, es aún más importante. Pero más importante todavía es estudiar la huella de esos hechos hasta la actualidad: las consecuencias que aún perduran.


Por eso, celebrar las conquistas, la dominación y la violencia ejercida contra otros pueblos es una perversión tan narcisista que resulta alarmante y asusta.


Asusta porque, si se celebra —y me reitero a propósito—, es porque entonces es susceptible de volver a suceder una y otra vez. Y por la impotencia que me genera ver cómo el mundo está tan perdido y tan dominado por tanta ignorancia, tanta psicopatía, tanta sociopatía y tanto retrogradismo sin lógica alguna para un corazón que albergue un mínimo de bondad.


Por eso, igual que deberían ser condenados todos aquellos que ensalcen el fascismo y el nazismo (que, por desgracia, no lo están), también debería ser condenable y estar mal visto que se ensalce la celebración del colonialismo. (Igual que se condenan los crímenes en nombre del sionismo).


Y eso es lo que cuestiono de la celebración del 12 de octubre: que se convierta en una fiesta nacional aquello que para millones de personas y sus pueblos representa el comienzo de una historia de invasión, sometimiento, expolio y exterminio.


Sobre todo, que lo haga un país que supuestamente hace apología de una Constitución que proclama derechos, libertades e igualdad. ¿Cómo se puede defender todo eso y, al mismo tiempo, celebrar una conquista que supuso la negación de esos mismos derechos para los pueblos conquistados?


Yo te voy a contestar, porque estamos en una democracia falsa y la Constitución solo es papel mojado para los poderes fácticos.


¡Qué importante es mirar nuestra historia de frente y reconocer los errores! Para eso hay que conocerla, no maquillarla. Hay que comprenderla, no justificarla. Y, desde luego, no tenemos por qué celebrar aquello que hoy sabemos claramente y que se reconoce sin duda alguna como una barbaridad y una total injusticia.


En el 12 de Octubre (de cualquier año y siglo) no hay nada que celebrar y sí mucho que lamentar."


2026/10/10

Un poco de historia interesante

 🦎 Las hembras de dragón de Komodo pueden reproducirse y tener crías sin ayuda de ningún macho.


El dragón de Komodo (Varanus komodoensis) es el lagarto más grande del planeta, un depredador temible capaz de derribar grandes mamíferos. Sin embargo, su arma de supervivencia más impresionante no son sus dientes ni su mordida letal, sino un absoluto "hackeo" biológico de su propio sistema reproductivo.


En 2006, biólogos de dos zoológicos diferentes en Europa quedaron desconcertados cuando sus hembras de dragón de Komodo, que habían vivido completamente aisladas de los machos durante años, de repente pusieron huevos que eclosionaron con éxito. Las pruebas genéticas de ADN confirmaron un fenómeno asombroso: las hembras habían utilizado la partenogénesis.


En ausencia de machos en su entorno, el cuerpo de la hembra es capaz de duplicar sus propios cromosomas dentro de un óvulo no fecundado, auto-fertilizándose y produciendo embriones viables. Las crías resultantes nacen completamente sanas y son, genéticamente, versiones casi idénticas de su única madre. Esta adaptación extrema asegura la supervivencia de la especie ante catástrofes. Si una sola hembra es arrastrada por una tormenta hacia una isla desierta, no necesita gastar energía buscando pareja; ella sola puede convertirse en la madre fundadora de una nueva y enorme población de dragones.


QUERIDA VIDA..

 🔥QUERIDA VIDA


Querida vida, yo sé que te me pones del revés más veces de las que quisiera. Quizás no te valoro lo suficiente, pero tampoco me lo pones fácil. No, no lo haces. 


    Te ensañas conmigo porque crees que podré con todo, pero también hay un momento en el que te cansas. A veces un cúmulo, una racha que se lleva a rastras.


    Querida vida, sé que hay que vivirte, pero mira que te me pones del revés. Aún así te voy a decir unas cuantas cosas por si no las sabes bien:

  Sigue tirándome al suelo, sigue. Todas las veces que quieras, porque yo me levantaré. No sé cómo, pero lo haré.


  Puedes hacerme odiar sin querer, estar enfadada con el mundo, gritar, desafiante, ponerme zancadillas y traspiés. Pero yo podré.


   Puedes ofenderme, juzgarme, humillarme, pero me recuperaré.


    Puedes hacer que pierda a la gente que me importa, aunque sepa que no la he perdido aunque no la vea y la sienta, pero la recordaré.


   Nunca, y mira te lo digo bien, nunca podrás cambiar mi gran corazón, mi sonrisa a pesar de los desastres, mis ganas de confiar, aunque después no salga bien. Tampoco ser como soy ni mi esencia porque nací con ella y tú lo sabes bien. No podrás quitarme mi dulzura, mi noble alma, mi empatía y mis ganas de superarme por mucho daño que me hagas, así que escúchame.


   Querida vida, mira que te me pones más veces de las que quisiera del revés. Pero tú me hiciste como soy con mis más y con mis menos y nunca me rendiré.