A veces pienso que lo mío no es rebeldía, es otra cosa, es no saber mirar hacia otro lado cuando algo no está bien, es esa sensación de que hay cosas que no se deben permitir, aunque no te afecten directamente, aunque lo fácil sea callar y seguir.
No soy perfecta, ni mucho menos, tengo mis dudas, mis días, mis errores, pero hay algo en mí que no se apaga cuando veo una injusticia, como si se encendiera algo por dentro que no me deja quedarme quieta, que me empuja a decir, a hacer, a no ser cómplice con el silencio.
No es que busque conflicto, ni que quiera demostrar nada, es simplemente que no me sale quedarme de brazos cruzados cuando alguien está siendo tratado mal, cuando alguien está en una posición débil, cuando lo fácil sería pasar… y sin embargo algo dentro me dice que no.
Supongo que cada uno es como es, y esto en mí viene de lejos, de lo vivido, de lo aprendido, de lo que me ha tocado ver y sentir, pero lo tengo claro, prefiero incomodar a veces que ser indiferente siempre, prefiero equivocarme por intentar hacer algo que acertar quedándome al margen.
Porque al final no va de ser heroína ni de cambiar el mundo entero, va de no traicionarme, de ser fiel a lo que siento, de hacer lo que esté en mi mano, aunque sea poco, aunque sea pequeño… porque hay cosas ante las que no sé, ni quiero, mirar hacia otro lado.