A veces pensamos que el amor empieza cuando alguien aparece, y yo cada vez creo más que no es así...
Creo que algunas historias empiezan mucho antes, en silencio, cuando después de todo lo vivido vuelves a tener ganas... Ganas de compartir algo que antes disfrutabas sola, ganas de contar una tontería que te ha pasado durante el día, ganas de mirar el teléfono y sonreír sin darte cuenta, ganas de volver a hacer espacio en una vida que ya habías aprendido a llenar por ti misma.
Porque lo verdaderamente extraordinario no es encontrar a alguien, lo extraordinario es que, después de ciertas decepciones, después de ciertos golpes y de algunas despedidas que te cambiaron para siempre, el corazón siga teniendo el valor de abrir una ventana.
Y qué acto de valentía tan poco reconocido es ese... volver a entusiasmarse, volver a permitirse sentir, volver a mirar hacia delante sin comparar constantemente con lo que quedó atrás...
Hay personas que creen que la fuerza está en no necesitar a nadie, yo creo que la fuerza está en seguir creyendo en las personas después de haber conocido sus peores versiones, en seguir apostando por la ternura en un mundo lleno de prisas, en seguir entregando verdad después de haber recibido mentiras, en seguir teniendo un corazón suave después de que la vida intentara endurecerlo.
Porque quizá la magia nunca estuvo en encontrar a alguien perfecto... Quizá la magia está en descubrir que todavía existen personas capaces de devolverle brillo a lugares de ti que llevaban demasiado tiempo en silencio.
Y cuando eso ocurre, no hace falta ponerle nombre, ni correr, ni entenderlo todo... A veces basta con agradecerlo, porque hay regalos que no llegan envueltos, llegan en forma de emoción.