2026/10/28

Otros ojos..

 Hay una manera de hacerse mayor que no tiene que ver con las arrugas, ni con los años que cumples, ni con las cosas que ya has vivido.


Tiene que ver con empezar a esperar siempre lo peor.


Con escuchar una buena noticia y buscar inmediatamente dónde está la trampa. Con conocer a alguien y pensar cuánto tardará en decepcionarte. Con recibir un gesto bonito y preguntarte qué querrá a cambio.


Entiendo de dónde viene. Cuando te has llevado unos cuantos golpes, aprendes a mirar dos veces. Dejas de confiar a ciegas, reconoces señales que antes pasabas por alto y te vuelves más cuidadosa con lo que permites entrar en tu vida.


Eso es experiencia.


Pero también existe el riesgo de que, intentando evitar que vuelvan a hacerte daño, termines sospechando incluso de lo que podría hacerte bien.


Que no disfrutes de alguien porque estás esperando que cambie. Que no te permitas ilusionarte con un proyecto porque ya imaginas cómo puede salir mal. Que te acostumbres tanto a protegerte que la tranquilidad te parezca sospechosa.


Y no quiero eso para mí.


Quiero aprender de lo que he vivido sin convertir cada experiencia en una profecía.


Quiero conservar el criterio, pero también la curiosidad. Saber que hay gente que decepciona sin asumir que todo el mundo lo hará. Reconocer los riesgos sin vivir instalada en ellos.


No voy a volver a ser la persona que era antes de algunas decepciones. Tampoco hace falta.


Pero me gustaría que lo vivido me enseñara a elegir mejor, no a cerrarme a todo.


Porque una cosa es tener los ojos abiertos.


Y otra muy distinta pasarme la vida mirando por encima del hombro.



2026/10/27

No tengo prisa..

 Hubo una época en la que parecía que siempre tenía que estar pasando algo.


Un plan, una conversación interminable, una noticia, una persona nueva, alguna historia que contar. Si el fin de semana se quedaba tranquilo, parecía que habías desperdiciado dos días de tu vida.


Ahora hay tardes en las que me apetece llegar a casa, ponerme cómoda, comer cualquier cosa que me guste y no tener que hablar con nadie durante un rato.


Y no estoy triste. Ni me he vuelto una señora insoportable. Bueno, lo segundo no lo descarto del todo.


Simplemente he descubierto que no todo lo que me entretiene me hace bien y que no todos los silencios necesitan ser rellenados.


Antes podía confundir una agenda llena con una vida interesante. Ahora me fijo más en cómo me siento cuando termina el día.


Si he podido reírme. Si he estado a gusto. Si he hecho algo porque me apetecía de verdad y no porque me daba vergüenza decir que no tenía ganas.


También he aprendido que puedo querer muchísimo a la gente y no necesitar verla constantemente. Que puedo disfrutar de una fiesta y preferir quedarme en casa al fin de semana siguiente. Que una vida tranquila no tiene por qué ser una vida vacía.


A lo mejor no me estoy perdiendo tantas cosas como pensaba.


A lo mejor estoy empezando a disfrutar de las que sí elijo.


Y oye, después de tanto correr para llegar a todas partes, tampoco está mal descubrir que hay días en los que no tengo ninguna prisa.



2026/10/25

, ¿Tú qué querías exactamente?

 Hay hombres que dicen que quieren una mujer con carácter hasta que esa mujer tiene una opinión distinta a la suya. Que les encanta que sea independiente hasta que no está disponible cada vez que a ellos les apetece. Que buscan una mujer auténtica, pero después intentan corregirle el tono, las formas, las amistades y hasta la manera de vestir.


Y digo yo, cariño, ¿tú qué querías exactamente? ¿Una mujer o un proyecto de reforma?


Porque yo puedo escucharte, puedo tenerte en cuenta, puedo cambiar de opinión si me das motivos para hacerlo. Lo que no voy a hacer es ir recortándome por los bordes para que tú te sientas más cómodo conmigo.


Si te gusto, te gusto entera. Con mis días buenos, mis contestaciones rápidas, mis silencios cuando necesito pensar y esa manía tan mía de no decir que sí cuando quiero decir que no.


No necesito que estés de acuerdo conmigo en todo. Ni siquiera necesito que te guste todo de mí. Pero sí necesito que entiendas que querer a alguien no te da derecho a moldearlo a tu gusto.


Que bastante trabajo tiene una con vivir su propia vida como para ponerse ahora a pedir permiso para ser quien es.


Así que, si me haces un hueco en la tuya, que sea porque te apetece compartirla conmigo. No porque estés convencido de que, con un poquito de paciencia, acabarás convirtiéndome en la mujer que tú tenías en mente.


Esa ya te la puedes imaginar tú solito.


Yo tengo cosas mejores que hacer.



Para...Alsuar...

 Ojalá la vida te sorprenda con una tranquilidad que no tengas que ganarte sufriendo.


Que lleguen días en los que puedas disfrutar sin estar esperando que algo salga mal. Personas con las que no tengas que medir cada palabra. Conversaciones que te dejen el corazón más ligero y oportunidades que te recuerden que todo tu esfuerzo no ha sido en vano.


Ojalá tus proyectos encuentren caminos, tus ideas se conviertan en realidades y tus ganas de construir un futuro bonito no se apaguen por las dificultades del presente.


Ojalá también aprendas a recibir.


A dejar que te ayuden, que te escuchen, que te cuiden y que te quieran sin sentir que tienes que compensar inmediatamente cada gesto.


Que no tengas que ser siempre quien puede con todo. Que puedas mostrar tus dudas sin vergüenza y tus alegrías sin miedo a que duren poco.


Y cuando la vida vuelva a complicarse, porque habrá momentos difíciles, ojalá recuerdes que no tienes que resolverlo todo de golpe ni hacerlo siempre en soledad.


Has pasado por cosas que quizá nunca llegaste a contar del todo. Has tenido que aprender, cambiar y seguir adelante incluso cuando no sabías muy bien cómo.


Pero tu historia no está hecha únicamente de lo que has soportado.


También puede llenarse de lo que disfrutas, de lo que descubres, de lo que consigues y de las personas que encuentras por el camino.


Ojalá llegue un día en que mires tu vida y no solo sientas orgullo por todo lo que fuiste capaz de superar.


Ojalá sientas, sobre todo, la alegría de todo lo que por fin puedes vivir.


2026/10/24

LAS PALABRAS TAMBIÉN DEJAN CICATRICES


Hay personas que hablan sin pensar, hieren sin medir y después pretenden arreglarlo todo con un simple «yo no quería decir eso». Pues no, querida. Las palabras no desaparecen porque a quien las pronunció le convenga olvidarlas. Se quedan, se clavan en la memoria y, a veces, cambian para siempre la forma en que alguien te mira. Porque hay heridas que no se ven, pero tampoco se olvidan.


La lengua no tiene huesos, pero puede destrozar una confianza, romper un vínculo y echar por tierra años de cariño en cuestión de segundos. También puede levantar a quien está hundido, devolver esperanza y acariciar el alma sin tocarla. Por eso conviene pensar antes de hablar: no todo lo que se te pasa por la cabeza merece salir por tu boca, y no toda crueldad puede disfrazarse después de sinceridad.


Y cuando aprendes lo que algunas personas son capaces de decirte, llega un momento en que dejas de discutir, de justificarte y de intentar que comprendan el daño que hicieron. Guardas silencio, tomas distancia y sigues tu camino. No porque no tengas nada que decir, sino porque ya has entendido que hay personas que no merecen ni una explicación más.


PORQUE UNA PALABRA PUEDE ROMPERTE UN INSTANTE, PERO TU SILENCIO PUEDE SER LA RESPUESTA DEFINITIVA A QUIEN NUNCA SUPO MEDIR LAS SUYAS.



INTELIGENCIA OFENDIDA

 Confundieron mi paciencia con estupidez y mi silencio con falta de agallas.

Pensaron que porque no salté a la primera me había tragado el feo sin enterarme de la jugada.

Qué poco conocen a una mujer que sabe esperar su momento.

No me gasto en pataletas ni en discusiones de calentón.

Observo, tomo nota, analizo el terreno y coloco a cada cual en el estante que le corresponde.

Y cuando doy el paso, no hay marcha atrás ni segunda oportunidad que valga.

No es rabia: es inteligencia táctica.

Quien piensa que me tiene dominada, solo está presenciando la calma antes de que le cierre la puerta en la cara para siempre.

No es la mentira lo que me molesta…

es creer que voy a tragármela.

Porque cuando me mienten,

no subestiman mi corazón,

subestiman mi mente.

Y ahí está el error:

confundir mi silencio con ignorancia

y mi educación con estupidez.

Y eso, cariño,

es lo que realmente ofende.




2026/10/20

No quiero ser diferente..

 No quiero tener que recordarle a nadie que existo.


No quiero ser siempre quien inicia las conversaciones, quien pregunta cómo están los demás, quien se acuerda de las cosas importantes y quien intenta mantener cerca a personas que, si yo dejara de hacer el esfuerzo, quizá ni siquiera notarían la distancia.


Y no lo digo porque espere que todo el mundo esté pendiente de mí.


Entiendo que cada persona tiene su vida, sus responsabilidades y sus propias preocupaciones.


Pero también creo que, cuando alguien te importa, hay pequeñas maneras de hacérselo saber.


Un mensaje.

Una pregunta.

Un detalle.

Un momento en el que te acuerdas de esa persona sin que haya tenido que aparecer primero.


Y a veces echo de menos precisamente eso.


Sentir que alguien piensa en mí sin que yo tenga que darle motivos para hacerlo.


Porque estoy acostumbrada a estar pendiente de las personas que quiero, a recordar lo que les preocupa, a preguntar cómo les ha ido y a intentar que sepan que pueden contar conmigo.


Pero hay días en los que también me gustaría experimentar lo que se siente cuando alguien hace eso por mí.


Sin tener que insinuarlo.

Sin tener que pedirlo.

Sin tener que alejarme para comprobar si se da cuenta de que ya no estoy tan presente.


No necesito ser imprescindible en la vida de nadie.


Solo quiero sentir que tengo un lugar que no depende exclusivamente de todo lo que yo haga para mantenerlo.


Porque también cansa ser siempre quien recuerda que existe un vínculo.


Y estoy aprendiendo que no tengo que desaparecer para descubrir cuánto importo.


A veces basta con dejar de sostenerlo todo y observar si hay alguien dispuesto a sostenerlo conmigo.

Hay días en los que el mundo pesa de más, en los que el ruido ensordece y las dudas intentan ganarle la partida al espejo.


 Es ahí, precisamente ahí, donde me abrazo más fuerte.


 No necesito que nadie me rescate porque aprendí a hacerme hogar en medio del caos.


 Mis contradicciones me pertenecen, mis risas a carcajadas sanan lo que otros rompieron en silencio, y mi paso firme es la respuesta a cada caída. 


No soy una versión acabada, soy un proceso hermoso, indomable y constante.


 Brindo por la mujer que fui, por la que soy hoy y por la valiente que sigue eligiéndose todos los malditos días.

He dicho!