Es fácil poner etiqueta hoy tengo un día muy mierda gracias a compañeros incompetentes.
Hay algo que he aprendido con el tiempo, y es que no importa cuánto intentes explicar quién eres de verdad, porque cuando alguien ya ha decidido cómo verte, cualquier gesto, cualquier palabra, cualquier momento puntual… lo va a usar para encajarte en esa idea, aunque no tenga nada que ver contigo.
Y es curioso, porque a veces basta un solo instante, una reacción, un día malo o una respuesta fuera de lugar, para que otros crean que ya te conocen, que ya pueden definirte, como si una persona cupiera en un solo momento, como si todo lo que eres pudiera reducirse a algo tan superficial.
Pero la realidad es muy distinta, porque nadie conoce a nadie de verdad desde fuera, desde lo rápido, desde lo que se ve a simple vista, conocer a una persona es quedarse, es escuchar, es mirar más allá de lo evidente, es entender de dónde vienen sus silencios, sus formas, sus días buenos y también los no tan buenos.
Es fácil opinar, es fácil poner etiquetas, es fácil decir “es así” o “es de esta manera”, lo difícil es tener la sensibilidad de ir más allá, de no quedarse con lo primero, de no juzgar sin haber sentido de cerca lo que hay detrás de alguien.
Porque una persona no es un gesto, ni una reacción, ni momentos superficiales… es todo un mundo que solo se descubre cuando de verdad te tomas el tiempo de conocerlo.
