Se terminaron las audiencias con quien solo sabe juzgar desde la barrera.
A partir de hoy, no pienso guardar la verdad que me habita por miedo a incomodar a los que prefieren las mentiras piadosas.
Quien tenga el valor de mirarme de frente, que se quede, quien solo busque el reflejo de sus propias frustraciones, que busque otro espejo donde mirarse.
Durante años me dediqué a ceder terreno, a bajar la guardia y a pedir disculpas por tener carácter, por saber exactamente lo que quiero y por no agachar la cabeza.
Menudo error. Mi paz interior costó demasiado cara como para ponerla en oferta frente a cualquiera que venga con exigencias y sin nada que aportar.
He descubierto que la fuerza más grande nace de aceptarse sin filtros, con todas las cicatrices a la vista y con la certeza absoluta de que no le debo explicaciones a nadie por existir a mi manera.
Mi camino no es una autopista abierta para que cualquiera transite sin respeto, es tierra firme, construida a base de dignidad, carácter y mucha verdad.
No vine a pedir permiso para ocuparme de mi vida, ni voy a bajar mis estándares para que otros se sientan cómodos. Soy esta versión inquebrantable, orgullosa de cada paso y sin ninguna intención de volver a empequeñecer me jamás.
¡Y al que le pique, que se rasque!
P
