La verdad es que nuestra mente nos juega malas pasadas, a todos y más veces de las que queremos admitir, nos hace pensar y repensar hasta el cansancio, nos llena de miedo, de vergüenza, de ansiedad, sin que realmente haya pasado nada, solo imaginando lo que podría suceder. Y así perdemos tiempo, energía, momentos que podrían ser buenos, preocupándonos por cosas que muchas veces ni siquiera llegan a pasar.
Cuántas oportunidades hemos dejado escapar por miedo, al ridículo, al qué dirán, a que nos miren distinto… Cuántas veces hemos dicho “no” o hemos dejado de intentar algo solo porque nuestra cabeza se adelanta, inventa problemas, amplifica dudas. Cuánto dejamos perder por culpa de nuestra propia mente.
Y lo peor es que no nos damos cuenta de que mientras tanto la vida sigue, y seguimos dejando pasar cosas y personas que podían habernos hecho felices, que podían habernos enseñado algo, que podían habernos acercado a quienes realmente importan.
Por eso pienso que hay que aprender a frenar, a respirar, a escuchar más el presente y menos las historias que nos inventa la cabeza, porque la mente puede asustarnos sin razón, y no hay nada más triste que perder la vida preocupándose por cosas que tal vez nunca pasen.
