Me encanta la gente que cree que un "perdona" dicho con prisa es una varita mágica que borra meses de faltas de respeto y desinterés.
Podéis guardaros los remordimientos de última hora. La palabra "perdón" sin un cambio de conducta es simplemente manipulación barata empaquetada en papel de regalo.
Se os olvida que yo no firmo amnistías a ciegas, y que las disculpas que solo buscan limpiar conciencias ajenas a mí no me sirven de nada.
Mi capacidad de perdonar no era un pase VIP para que volvieseis a tropezar con la misma piedra; era una oportunidad para cerrar la cuenta sin dejar deudas pendientes. No vengáis a pedir borradores cuando lo que habéis roto requiere una obra entera.
El error fue mío por disculpar actitudes que eran avisos a viva voz, pero el acierto ha sido no dar más pases de cortesía.
Hay quien entra en tu vida buscando tormenta y se enfada al encontrarse con un santuario.
Quieren verte perdiendo los papeles, gritando o bajando a su nivel, porque ahí es donde ellos saben moverse.
Qué pena decepcionarlos. Mi serenidad no es debilidad, es el escudo más poderoso que tengo.
Cuando alguien intenta tirar barro, simplemente me aparto y dejo que se manche solo. La elegancia de no despeinarse es la mejor victoria. ¡Que sigan hablando solos!