Desde que tengo uso de razón, creo que siempre he vivido un poco dentro de mi cabeza...
Dándole vueltas a las cosas, pensando demasiado, haciéndome preguntas, intentando entender lo que siento y, muchas veces, buscando respuestas que ni siquiera sabía si existían.
He recorrido muchos caminos dentro de mí.
Algunos bonitos, otros bastante complicados... y algunos por los que, sinceramente, no me apetecía volver a pasar.
Pero todos me han enseñado algo... Sobre la vida, sobre los demás y, sobre todo, sobre mí.
Y quizá por eso escribo. Porque hay cosas que no sé decir de otra manera.
Hay sentimientos que se quedan dentro dando vueltas, recuerdos que aparecen cuando menos los esperas, heridas que creías cerradas y que de repente vuelven a doler un poquito...
Y entonces escribo. Pongo en palabras lo que llevo dentro y, de alguna manera, parece que pesa un poco menos.
No sé cómo explicarlo...
Es como sacar algo de dentro de mí y dejarlo sobre el papel, mirarlo desde fuera, entenderlo un poco mejor... Y seguir.
Porque creo que todos llevamos alguna herida que no enseñamos.
Alguna historia que nos cuesta contar, algún recuerdo que todavía duele, alguna parte de nosotros que aprendió a esconderse para poder seguir adelante.
Yo también las tengo.
Y quizá escribir sea mi manera de hacer las paces con ellas. No de olvidarlas, sino de conseguir que ya no duelan tanto.
Por eso, cuando escribo, no siempre sé exactamente qué voy a decir. Simplemente empiezo... Y dejo que salga.
A veces salen recuerdos, otras veces sentimientos, otras simplemente pensamientos que llevaba demasiado tiempo guardados.
Y entre palabra y palabra, voy encontrando un poquito de calma.
Quizá por eso sigo escribiendo... Porque mientras escribo, me encuentro.
Y a veces, entre todo ese ruido que llevo dentro, aparece una pequeña certeza, una idea, una emoción... algo que me recuerda que todavía hay mucho por sentir, por descubrir y por soñar.
Y entonces entiendo que escribir no solo me ayuda a sacar lo que duele...
También me ayuda a volver a encontrarme. Porque quizá cada palabra sea una pequeña puerta. Y quién sabe...
A lo mejor detrás de alguna de ellas todavía me espera una parte de mí que no conocía... O un sueño... O una historia que todavía está por escribir.