Hay algo que siempre me ha parecido profundamente triste... Y es el hecho de ver a personas tan vacías de sí mismas que terminan viviendo pendientes de la vida de los demás.
Personas que observan, interpretan, inventan historias, hablan sin saber y sacan conclusiones sobre realidades que desconocen por completo, personas que dedican horas a mirar lo que hace otro, mientras descuidan su propia vida, sus propios sueños y sus propios problemas.
Y lo más llamativo es que muchas veces ni siquiera lo hacen dando la cara, se esconden detrás de perfiles falsos, de nombres inventados, de pantallas que utilizan como refugio para atacar, molestar, acosar o intentar hacer daño desde la distancia.
Y qué pena me da, de verdad.
Porque nadie que sea feliz necesita perseguir a otros, nadie que esté en paz consigo mismo necesita vigilar, controlar o intentar alterar la tranquilidad ajena, las personas que tienen una vida plena suelen estar demasiado ocupadas construyendo la suya.
Con los años he aprendido que detrás de muchos ataques no suele haber fortaleza, suele haber carencias, inseguridades, heridas mal cerradas y una enorme falta de luz propia.
Porque cuando una persona está bien consigo misma no necesita apagar a nadie para sentirse mejor, no necesita inventar, ni perseguir, ni esconderse tras una identidad falsa para sentirse importante.
Y cuanto más lo pienso, más claro lo tengo... debe de ser muy triste levantarse cada mañana teniendo como principal ocupación la vida de otra persona... Muy triste no tener proyectos propios que te ilusionen, metas que te motiven o una vida suficientemente interesante como para vivirla.
Por eso ya no siento enfado, siento compasión... Porque mientras unas personas construyen recuerdos, otras construyen obsesiones, mientras unas viven, otras observan vivir, mientras unas avanzan, otras siguen atrapadas exactamente en el mismo lugar.
Y al final siempre termino pensando lo mismo... Los gusanos siempre necesitarán la luz de las luciérnagas porque carecen de luz propia... Y por mucho que intenten acercarse a ella, nunca podrán apagar aquello que nació para brillar.
