Va a llegar el momento en que alguien te mire fijamente y te pregunte cómo conseguiste no caerte cuando todo a tu alrededor se venía abajo, cómo hiciste para sostenerte cuando parecía que no quedaba nada en pie, y entenderá que no es ningún cuento, que no exageras… que lo superaste de verdad.
Que mientras otros elegían no ver, tú seguías avanzando como podías, incluso a rastras si hacía falta, que mientras el miedo te robaba el aire cada mañana, te limpiabas las lágrimas casi sin darte tiempo y volvías a intentarlo, una y otra vez.
Que quienes te fallaron, te juzgaron, te mancharon o te utilizaron, no merecían ni un segundo más de tu energía, que cada vez que pensaste “hasta aquí”, cada vez que estuviste a punto de rendirte, hubo algo, aunque fuera mínimo, que te empujó a no soltar, a seguir apostando por ti.
Un día alguien va a querer saber cómo lo lograste, y tú, sin darle demasiadas vueltas, le dirás que no hiciste nada extraordinario... Que fue puro amor, amor por ti misma.