A veces no es la vida la que pesa…
es todo lo que seguimos cargando dentro.
Esa conversación que ya terminó,
pero que tu mente repite como si aún estuviera ocurriendo.
Ese “¿y si hubiera…?”,
ese miedo que se disfraza de precaución,
esa ansiedad que llega cuando intentas controlar lo que no está en tus manos.
Nos aferramos porque creemos que soltar es perder,
cuando en realidad soltar es descansar.
Soltar no significa olvidar ni minimizar lo que dolió.
Soltar es dejar de permitir que eso gobierne tu presente.
Es comprender que no todo necesita una respuesta,
que no toda herida requiere una explicación,
y que no todo pensamiento merece tu energía.
Respirar profundo no es solo llenar los pulmones.
Es darle espacio al alma.
Es decirle a tu cuerpo: ya no estamos en peligro.
Es recordarte que este momento, aquí y ahora,
es suficiente.
Lo que sigues repitiendo en tu mente
no te está protegiendo,
te está agotando.
Y la paz no llega cuando todo se resuelve,
llega cuando decides dejar de pelear con lo que ya fue.
Suelta la culpa de no haber sabido antes.
Suelta la exigencia de hacerlo todo perfecto.
Suelta la necesidad de cargar con emociones que ya cumplieron su función.
No necesitas ese peso para avanzar.
No te hace más fuerte.
No te hace más consciente.
Solo te mantiene atado a un lugar al que ya no perteneces.
Respira.
Confía.
Y suéltalo.
No lo necesitas
a donde vas.
