2026/03/04

CONMIGO QUIEN QUIERA, CONTRA MÍ QUIEN PUEDA

 

Hay gente que cruza líneas con una facilidad alarmante,

como si el daño ajeno no tuviera peso

y la traición fuera parte de su rutina diaria.

Esos… no tienen perdón ni redención.

Son los que hacen y deshacen sin medir consecuencias,

los que hieren “sin querer”,

los que rompen vidas mientras se justifican

con discursos baratos de víctima profesional.

A esos les encanta jugar con el corazón ajeno,

pero cuando les toca responder…

se esconden detrás de excusas que ya ni ellos creen.

Y luego vuelven, claro,

con cara de arrepentimiento tardío,

creyendo que una frase bonita puede arreglar

todo lo que destrozaron.

Pero no: hay actos que no se lavan,

hay heridas que hablan solas,

y hay personas que, simplemente,

no tienen perdón ni redención.

Porque quien disfruta hundiendo, mintiendo, o manipulando,

quien se alimenta del dolor que deja atrás…

no merece una segunda oportunidad.

No merece explicación.

No merece absolución.

Conmigo quien quiera…

porque soy leal, intensa y doy de verdad.

Pero aviso: no soy para blanditos, ni para cobardes emocionales, ni para los que juegan a medias y luego lloran cuando se les cae el teatro.

Contra mí quien pueda…

porque no grito, no persigo y no suplico.

Yo observo, aprendo y cuando me levanto ya es tarde para arrepentimientos. No compito, sentencio con indiferencia… que duele más.

Así que elige bien tu papel.

Aliado o espectador, porque enemigo…

eso requiere nivel, huevos y personalidad.

Y de eso, cariño, no anda sobrado cualquiera.

Es así de simple:

hay seres que viven sembrando tormentas

y luego lloran cuando les llueve encima.

Y aun así pretenden piedad.

Pero no, para ellos no la hay:

no tienen perdón ni redención.

Y la vida, que siempre cobra, será quien les pase la factura final.



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