Hay veces en que me pierdo dentro de mí, en ese espacio donde todo el ruido desaparece, donde las voces externas se suavizan y solo quedo yo, con mis pensamientos, mis silencios y mis emociones.
Es allí, en esa profundidad tranquila, donde respiro de verdad, donde me reorganizo, donde pongo en orden lo que late dentro, y donde recuerdo quién soy sin tener que demostrar nada a nadie.
Ese lugar íntimo es mi refugio, mi pausa, mi manera de reencontrarme conmigo misma, de calmar la mente, lejos del mundanal ruido y volver al mundo más clara, más firme y más tranquila.
Y cuando salgo de ese espacio, siento que todo tiene sentido de otra manera, que mis decisiones fluyen con más calma, que las palabras y los gestos llegan desde un lugar más sincero, y que puedo enfrentar lo que venga sin perderme de mí misma.
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