Hay que tener cuidado con algo que puede hacer muchísimo daño: Creer todo lo que escuchamos... Porque escuchar una historia no significa conocer la verdad.
Y sin embargo, cuántas veces damos por cierto algo simplemente porque nos lo contó alguien en quien confiamos, cuántas veces nos hacemos una idea de una persona sin haber compartido ni una sola conversación con ella, sin haberla mirado a los ojos, sin haberle dado la oportunidad de mostrarnos quién es realmente.
Y lo curioso es que muchas veces ni siquiera nos damos cuenta de que lo hacemos... Escuchamos un comentario, una opinión, una versión de los hechos... y sin querer empezamos a construir una imagen de alguien que quizá no tiene nada que ver con la realidad.
Es como ir en un avión y escuchar a un niño decir que se ha roto un ala... Automáticamente te asustas, piensas que habla del avión en el que viajas.Tu mente se adelanta, interpreta, da cosas por hechas... Y segundos después descubres que se refería a un avión de juguete que lleva en las manos.
La realidad nunca fue la que imaginaste, solo fue la que tu mente construyó con la información incompleta que tenía.
Y eso mismo pasa cada día con las personas... Escuchamos algo, suponemos el resto y emitimos un juicio.
Sin preguntarnos si falta contexto, sin pensar que quizá hay otra versión, sin recordar que toda historia cambia dependiendo de quién la cuenta.
Por eso cada vez me gustan más las personas que se toman el tiempo de conocer antes de opinar... Las que no condenan sin escuchar, las que no etiquetan sin comprender, las que entienden que una persona es mucho más que un comentario, una crítica o una experiencia aislada.
Porque todos hemos sido malinterpretados alguna vez, todos hemos sido juzgados por alguien que no nos conocía...Y todos sabemos lo injusto que se siente cuando alguien decide quién eres antes de darte la oportunidad de demostrarlo.
Por eso intento recordar algo muy sencillo... Las opiniones pueden escucharse, los rumores pueden llegar a nuestros oídos...
Pero las personas merecen conocerse.
Porque entre lo que cuentan de alguien y lo que esa persona realmente es... a veces hay un abismo enorme.
Y he descubierto que una de las formas más bonitas de inteligencia es no permitir que otros piensen por ti.
Escucha si quieres...
Pero antes de creer, observa, antes de juzgar, conoce y antes de etiquetar a alguien, recuerda que las mejores personas que han pasado por tu vida quizá no habrían tenido ninguna oportunidad si te hubieras quedado únicamente con lo que otros dijeron de ellas.
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