Ya no soy la misma persona que era hace años...
La vida tiene una forma muy curiosa de enseñarnos... A veces lo hace a través de alegrías, pero otras veces lo hace a través de decepciones, de personas que no eran lo que parecían, de situaciones que nos obligan a abrir los ojos y de lecciones que jamás habríamos elegido aprender.
Y no, eso no me volvió desconfiada, me volvió prudente, que es diferente... Porque cuando has vivido ciertas cosas aprendes a observar más y a creer menos en las apariencias, aprendes que no todo el mundo es como dice ser, que no todas las sonrisas son sinceras y que las personas se conocen mucho mejor por cómo actúan que por cómo hablan.
Por eso quizá algunos piensen que soy más distante... Pero la realidad es muy distinta.
Sigo teniendo el mismo corazón, sigo emocionándome con las mismas cosas y sigo creyendo en las personas buenas...
La diferencia es que ahora ya no entrego mi confianza a cualquiera, y eso no es frialdad, es experiencia.
Estoy orgullosa de cada una de mis cicatrices porque ninguna apareció por casualidad... Cada una me enseñó algo, cada una me hizo más fuerte y cada una me ayudó a entender mejor quién soy y qué lugar quiero dar a las personas en mi vida.
Por eso ya no me preocupa que alguien se quede solo con la primera impresión. Porque quien solo mira la fachada se pierde lo mejor de la historia: su estructura, sus habitaciones, su interior completo...
Y las personas que realmente merecen la pena siempre encuentran la forma de llegar mucho más allá de lo que se ve a simple vista...
Como decía Maquiavelo: "Todos ven lo que aparentas; pocos advierten lo que eres."