Nunca conocemos a nadie desde el principio... Siempre llegamos a mitad de su historia.
Nos cruzamos con personas en un momento cualquiera de sus vidas y, sin embargo, creemos que unos minutos bastan para saber cómo son.
No sabemos si esa sonrisa llega después de meses intentando recomponerse... Si ese carácter serio nació el día que la vida le rompió el corazón... Si ese silencio es timidez... o simplemente cansancio.
No sabemos cuántas despedidas ha tenido que aprender a soportar... Cuántas veces ha sentido miedo... Cuántas noches ha pasado intentando ser fuerte cuando nadie la veía.
Y, aun así, nos resulta muy fácil poner etiquetas: "Es frío", "Es distante", "No parece buena persona"...
Como si una vida pudiera resumirse en el pequeño instante en el que coincidimos con ella... Y qué injusto es eso.
Porque todos somos mucho más que el capítulo en el que alguien nos conoce... Todos tenemos una historia que nadie ve... Batallas que nunca contamos... Heridas que aprendimos a esconder tan bien... que incluso parecen haber desaparecido.
Quizá por eso, con los años, intento mirar a las personas de otra manera. No porque crea que todo el mundo sea bueno...Sino porque he entendido que casi nadie es solo aquello que aparenta.
Y quién sabe...
Tal vez la persona que hoy te ha parecido más seca, más seria o más distante... esté haciendo un esfuerzo enorme simplemente por llegar al final del día.
Desde entonces intento recordar algo muy sencillo... Que nunca conocemos la vida completa de quien tenemos delante. Solo el pequeño capítulo en el que el destino decidió que nuestros caminos se cruzaran.
Y creo que, si todos recordáramos eso un poco más a menudo... Seríamos mucho más rápidos para comprender... Y mucho más lentos para juzgar.
Todo mi respeto a la familia del magrebie que mató ayer la policía italiana..
La tierra no nos pertenece más respeto.
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