Hay personas que están convencidas que ya nada te duele.
Porque ya no discutes... Porque ya no explicas... Porque ya no persigues... Porque ya no reaccionas como antes... Y se equivocan.
Claro que sigo sintiendo.
Lo que ocurre es que hubo un tiempo en el que me rompí intentando demostrar lo que sentía... y entendí que hay batallas que solo desgastan a quien las pelea.
Hoy no es que me duelan menos las cosas... Es que aprendí que no todo merece mi energía.
Hay silencios que ya no intento llenar... Personas que ya no intento convencer... Puertas a las que ya no vuelvo a llamar...
No porque haya dejado de querer, sino porque, por fin, aprendí a quererme también a mí.
La tranquilidad que hoy ves no nació conmigo, es una cicatriz...Y las cicatrices tienen algo curioso: Desde fuera parecen solo piel.
Solo quien las lleva sabe todo lo que hubo que soportar para que dejaran de sangrar.
Por eso, cuando alguien confunde mi calma con indiferencia...Ya no siento la necesidad de explicarme.
Porque nunca entenderán cuánta rabia, cuánto sufrimiento y cuánto dolor tuve que atravesar para llegar a ser así de tranquila...
Mi paz es inviolable. Ya no permito interferencias.
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