2025/10/15

Recordar es más doloroso.

 Intentar recordar es como arañar una herida que no sana. Duele más que olvidar, pero olvidar es perderlo todo. Los recuerdos son como fantasmas que nos persiguen, versiones distorsionadas de lo que fue real. 

Nos engañan con promesas de lo que podría haber sido, pero al final solo nos dejan con más preguntas. ¿Qué es peor: perderlo todo en el olvido o aferrarse a mentiras que nos hacen creer que algo sigue siendo real? 

No se trata de recuperar lo que se perdió, sino de aprender a vivir con los pedazos rotos que quedan. La memoria es un pintor que intenta llenar los vacíos con sombras, pero las sombras no son la luz que se fue.

La memoria es un castigo, dicen. Yo digo que es la única forma de seguir siendo humano. Pensamos que olvidar es fácil, pero no nos damos cuenta de que huimos de la herida sin darle tiempo a sanar. 

Recordar es lo que nos duele. Recordar el amor que se fue, el abrazo que no llegó, la palabra que se quedó en la garganta. Bendito sea el que olvida, dicen. 

Yo creo que es mejor enfrentar los recuerdos, no para vivir en ellos, sino para aprender a llevarlos sin que nos consuman. Porque en ellos está nuestra historia y nuestro aprendizaje.





No hay comentarios:

Publicar un comentario