Nunca he terminado de entender en qué momento ser una mujer consciente de sí misma se convirtió en algo que incomoda tanto.
Una mujer que sabe quién es, que no necesita a nadie para sentirse completa, que no le teme al silencio ni a su propia compañía, que se mira sin disfraz, que se acepta, que se cuida, que se elige. Y, sin embargo, la llaman difícil... Difícil!.
Como si tener claridad fuera un defecto,
como si no conformarse fuera un problema, como si no encajar en lo esperado fuese una especie de rebeldía que hay que señalar.
Y entonces una empieza a preguntarse si el problema es realmente ser así… o si lo que ocurre es que no todo el mundo sabe qué hacer con una mujer que no necesita ser salvada, ni validada, ni reducida.
Porque tal vez no somos difíciles, tal vez somos incómodamente honestas, tal vez somos demasiado enteras para quien está acostumbrado a medias tintas... Demasiado libres para quien solo sabe querer desde el control.
Y ahí es donde algo dentro se ordena, porque entiendes que no hay nada que suavizar, nada que esconder, nada que hacer más pequeño para encajar mejor en manos equivocadas.
No somos difíciles, somos claras, somos completas, somos profundamente libres y
Y eso no es un problema… es un filtro, porque quien sabe mirarte de verdad, no se asusta, se queda y quien no.. simplemente se aparta.
Y en ese gesto, silencioso pero honesto, es donde todo, por fin, cobra sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario