Muchas veces te hicieron creer que eras “complicada”, que pedías demasiado o que tenías un carácter difícil.
Pero en realidad lo único que hiciste fue poner límites y no dejarte manejar. Y a quien está acostumbrado a manipular le incomoda alguien que piensa, que cuestiona y que no se deja doblar.
No eres difícil de querer. Solo eres incómoda para quien no puede usarte.
En la vida, tarde o temprano todos probamos el golpe del martillo.
Cuando te toque, no pongas cara de víctima ni sueltes lamentos vacíos: actúa en consecuencia. Nada más. Nada menos.
A veces somos clavo, otras martillo… y a la vida no le tiembla la mano por nadie. Hoy te toca aguantar, mañana te toca golpear, y pasado quizá solo observar. Así funciona este juego sin reglas.
Y para todos los que golpearon sin piedad…
Cuando llegue tu turno de ser clavo, no llores: recuerda cada martillazo que diste. Ese será tu eco.
No hay comentarios:
Publicar un comentario