Sé de naufragios, de islas desiertas y de supervivencia, sé de amor y también de desamor, de promesas que se dicen y de hechos que no llegan, sé de risas que curan y de llantos que pesan, sé oír y escuchar, sé de jaulas que aprietan y de alas que liberan, de caricias que salvan y de golpes que no siempre se ven.
Sé de hablar cuando toca y de callar cuando duele, de luz y de oscuridad, de sinceridad y de máscaras, de justicia e injusticia, de valentía y de cobardía, de sensatez y de locura, de ángeles y de demonios, y aun con todo eso lo que mejor he aprendido es que la vida no avisa, que te mueve, te sacude, te coloca y te descoloca sin pedir permiso.
Y también sé lo que cuesta volver a levantarse, lo que pesa confiar cuando algo dentro se ha roto, lo que duele entender tarde, lo que remueve aceptar ciertas cosas, pero aun así seguir, más tranquila, más consciente, más fiel a mí, aprendiendo a elegir mejor y a no perderme por quedarme donde ya no es.
He aprendido a cuidarme más, a no darlo todo donde no saben sostenerlo, a quedarme solo donde también saben quedarse, a no explicarme donde no hay intención de entender, a respetar mis tiempos, mis silencios, mis formas, y a soltar lo que no suma aunque cueste.
He aprendido a no enseñar el mar que llevo dentro a quien no sabe nadar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario