No sé tú, pero yo no nací para quedarme al margen, mirando la vida como si fuera ajena... Nací para sumergirme en ella, para sentirla de verdad, para atravesarla con todo lo que traiga, sea bonito o duela, sea fácil o difícil, unas veces tranquila y otras derrapando. Y quiero hacerlo siendo parte de ella, no quiero ser solo una espectadora.
Para mí, la pasión es esa fuerza que te empuja a avanzar sin tenerlo todo claro, sin certezas, pero con algo dentro que te sostiene y te dice que sigas, que confíes, que merece la pena descubrir qué hay más allá, es caminar sin saber exactamente qué viene, pero con la calma de saber que sabrás sostenerlo.
Y, aun así, muchas veces somos nosotros mismos quienes nos frenamos, porque lo conocido, aunque no sea lo que queremos, nos resulta más fácil, más seguro, y ahí aparece ese pensamiento que nos invita a quedarnos, a no movernos, a no arriesgar, como si fuera mejor lo que ya duele que lo que aún no conocemos.
Es un miedo silencioso, aprendido, casi automático, que intenta protegernos pero que en realidad nos limita, que nos llena de dudas justo cuando estamos a punto de dar un paso distinto, y es ahí donde todo cambia, porque también ahí nace la elección de no hacerle caso, de no creernos ese miedo y de avanzar a pesar de él.
Al final, todo se reduce a eso, a decidir, a moverse, a atreverse, a no quedarse quieta por miedo a lo desconocido, porque muchas veces lo que realmente merece la pena empieza justo donde termina la comodidad.
Creo firmemente que la pasión no es solo una emoción, es una forma de vivir, un motor que te levanta, que te empuja, que te recuerda que estás aquí para algo más que sobrevivir… estás aquí para vivir de verdad, estás aquí para ser protagonista de tu vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario