Hoy pensaba en algo… en lo bonito que es querer bien a alguien, y en que, al final, la forma más bonita de hacerlo es darle paz, una paz de verdad, de la que se siente por dentro, de la que no hace ruido pero lo cambia todo… Es regalar ese lugar donde el otro puede descansar, donde no necesita imaginar, ni dudar, ni preguntarse constantemente si está en el sitio correcto.
Y es que querer bien también es eso… no hacer que alguien se pierda en pensamientos que duelen, no sembrar inseguridad donde debería haber calma, es estar de una forma clara, sincera, sin juegos, sin medias verdades… es cuidar con hechos, con presencia, con esa tranquilidad que no hace falta explicar, porque simplemente se siente.
Supongo que por eso, cuando alguien te hace sentir así, todo cambia… porque ya no hay dudas, ni miedos, ni esa incertidumbre que desgasta. Todo se vuelve más fácil, más bonito, más de verdad… uno se relaja, se muestra tal cual es, quiere sin miedo, sin barreras… y ahí es donde todo empieza a crecer, donde todo fluye, donde el amor, sin hacer ruido, se queda.
No hay comentarios:
Publicar un comentario