Los que más necesitan venir a terapia casi
nunca vienen.
Vienen las personas que tuvieron que soportarlos y los que cargaron con las consecuencias de lo que no quisieron trabajar.
Porque cuando alguien no se hace responsable de sí mismo, alguien más termina pagando el precio.
A mi edad ya no tengo tiempo, ya no tengo paciencia, ya no tengo más ganas de entenderlo todo y a todos.
Ya no busco lo que les contente a los demás, busco lo que me complace a mí.
Ya no tengo tiempo ni ganas de falsas sonrisas y cortesías ineficaces.
Ya no tengo ganas de buscar a quien no me busca a mí, ni de hacer cosas si no las quiero hacer.
A mi edad se tiene esa parte de sabiduría y despreocupación que hace que en lugar de decir "no te preocupes, no importa" digas: "¿Sabes lo que te digo? ¡Que te den!".
Y es verdad que es una grosería, pero te sientes tan bien y tan liberado al decirlo, porque a mi edad tengo demasiados "que te den" acumulados y ya no me queda paciencia.
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