Hay días en los que se nos olvida todo lo que ya hemos superado.
Nos olvidamos de aquellas tormentas que casi nos doblaron, de las noches de llorar a escondidas, de las veces que seguimos tirando cuando por dentro estábamos funcionando con un mísero 3% de batería... Y sin encontrar el cargador.
Y entonces pasa cualquier gilipollez...Y pensamos:
“Ya está... No puedo más.”
Perdona, pero...NO PUEDES MÁS???... Vamos a ver criatura... Haz memoria, alma de cántaro!!!.
Que tú has sobrevivido a cosas bastante más serias que ese pequeño desastre que tienes hoy delante.
Has pasado por rupturas, decepciones, pérdidas, traiciones, cambios, sustos, personas que te hicieron daño y situaciones en las que pensaste que no ibas a salir.
Y saliste... Regular algunas veces, es verdad... Con el corazón hecho croquetas otras... Pero saliste.
Te han visto caer, sí.
Lo que no han visto son todas las veces que te levantaste cuando no había nadie mirando.
No han visto las lágrimas... Ni las dudas... Ni esas conversaciones contigo misma en las que básicamente estabas negociando si seguir o mandar todo a la mierda.
Y seguiste.
Quizá no igual... Porque después de ciertas cosas una ya no vuelve exactamente a donde estaba.
Vuelves con alguna cicatriz, bastante menos paciencia y una capacidad extraordinaria para detectar gilipolleces a kilómetros.
Y eso también es aprendizaje.
Así que si hoy estás cansada, estás triste o simplemente tienes un día de esos en los que no quieres saber nada de nadie...
Tranquila, no has vuelto al principio... Estás teniendo un mal día.
Y un mal día no borra todo lo que ya has conseguido.
Puedes llorar... Puedes parar... Puedes pedir un abrazo... Puedes decir “hoy no puedo”... Y mañana ya veremos.
Que tampoco hace falta solucionar la vida antes de desayunar.
Porque ser fuerte no significa estar estupenda todos los días.
Significa que incluso cuando te rompes, de alguna manera encuentras la forma de volver a juntarte.
A veces con pegamento... A veces con cinta adhesiva...Y alguna vez directamente con un milagro.
Pero aquí seguimos... Después de todo lo vivido... Después de tantas guerras que nadie vio... Después de tantas veces pensar que no podíamos más...
podemos.
Así que recuerda quién eres. Recuerda todo lo que has atravesado...Y, sobre todo, recuerda una cosa:
Has sobrevivido a demasiadas cosas como para dejar que un mal día te haga pensar que no puedes.
Porque después de todo lo que has sobrevivido... ya tienes demasiadas guerras ganadas como para morir ahora de un catarro.
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