Tu nueva vida te va a costar la vieja... Piénsalo bien, porque ese es el precio.
Y no, no siempre es fácil.
Porque cambiar de vida no significa solamente empezar algo nuevo, muchas veces significa dejar atrás cosas, personas, lugares y hasta una versión de ti a la que llevabas demasiado tiempo acostumbrada.
Y eso duele... Aunque sepas que ya no quieres seguir ahí.
A veces nos quedamos donde no somos felices simplemente porque conocemos ese lugar, porque sabemos cómo movernos en él, porque lo desconocido da miedo.
Pero llega un momento en el que también cansa seguir siendo la misma persona solo para que los demás estén cómodos.
Abrir la mente es abrir caminos...
Es permitirte pensar de otra manera, cambiar de opinión, descubrir que quizá aquello que antes querías ya no es lo que quieres ahora.
Y no pasa nada. La vida cambia, nosotros también.
Puedes cambiar de rumbo sin tener que dar explicaciones. Puedes alejarte de lo que ya no te hace bien. Puedes empezar otra vez, aunque no tengas muy claro hacia dónde vas.
Porque a veces no necesitas tenerlo todo claro...Solo necesitas saber que ya no quieres seguir igual.
Y quizá la felicidad tampoco sea algo tan grande como nos han hecho creer.
A veces es mucho más sencilla... Se siente como un pequeño jardincito creciendo dentro de ti.
Un día notas que vuelves a tener ganas de algo, otro día te sorprendes riéndote de verdad, otro empiezas a dormir tranquila, a sentir paz...
Y poco a poco, casi sin darte cuenta, vuelves a sentirte tú. Entonces entiendes que dejar atrás aquella vida no era perderlo todo...
Era hacer sitio.
Hacer sitio para lo que viene, para lo que todavía no conoces, para esa versión de ti que quizá llevaba mucho tiempo esperando que te atrevieras.
Así que sí... Tu nueva vida te va a costar la vieja.
Pero quizá ese sea uno de los precios más bonitos que puedes pagar.
Porque hay momentos en los que elegirte también significa dejar de aferrarte a lo que ya no te deja crecer.
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