2026/09/14

De verdad nos escuchan...

 Te pedí un poco de sal y tú sacaste la pimienta.

'No, no, quería sal', te dije. 'Solo le falta un poquito y estará perfecto'.

Entonces me diste una servilleta. Después un vaso de agua, otro tenedor, un plato más grande, pan recién cortado y todas las especias que encontraste en la cocina: romero, tomillo, orégano, canela.

Las pusiste frente a mí, una detrás de otra, como si la cantidad pudiera corregir que ninguna fuera sal.

'¿Qué más quieres?', preguntaste. 'Te estoy dando todo'.

Y era verdad. Me dabas de todo, menos lo que te pedía.

Volví a preguntarte por la sal, y me trajiste el postre.

Volví a preguntarte por la sal, y llenaste mi copa.

Volví a preguntarte por la sal y empezaste a enumerar todo lo que habías puesto encima de la mesa, hasta que la palabra 'sal' empezó a parecerme enorme. Exigente, desagradable, imposible.

Así que probé la comida y dije que estaba buena. Aunque faltara algo. Aunque yo supiera qué. Aunque el salero estuviera justo en tu mano.

A veces todavía me pregunto si pedí demasiado. Pero no, yo solo quería una pizca de sal.

Pero tú habrías vaciado la cocina entera antes de escucharme...


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