«NADA QUE CELEBRAR Y SÍ MUCHO QUE LAMENTAR»
"¿Celebrarías el Holocausto nazi si fueras alemana?
¿O lo harías con cualquier otro, como el de Ruanda (1994), el de Camboya (1975-1979), el de Bosnia (1995), el de Sudán (desde 2003, aún hoy), el yazidí (desde 2014, aún hoy) o la actual y también olvidada persecución de los rohinyás en Myanmar (desde 2017)?
Por desgracia, podría hacer infinitamente más larga la lista. Y eso que solo he puesto unos pocos ejemplos como referencia de lo que es una masacre de los siglos XX y XXI.
Pero yo sigo con la pregunta:
¿De verdad que hay alguien que celebre todo esto? ¿En serio?
¿Quién celebra los holocaustos y los momentos de la historia en los que la barbarie inhumana ha ejercido y ejerce su supremacía y crueldad sobre otra parte de la humanidad?
Está claro quién, ¿verdad? Solo un/a ignorante, inconsciente, tarado/a y psicópata. Solo un delirio social lleno de rituales dantescos para ensalzar el ego y la maldad, sustentado en un montón de mentiras para justificar tal afrenta e ignominia, podría hacerlo.
Pues ese es el equivalente a celebrar ese "descubrimiento" del 12 de Octubre de 1492.
Que síiii, que «fueron otros tiempos», que ahora eso de la conquista de América es historia.
Pero… ¿no pasa nada por mirar la historia con propiedad tampoco? ¿Verdad?
Vamos a mirar con lupa, entonces.
Para empezar, «eran otros tiempos» es una frase que nunca he entendido por qué se considera siquiera un argumento.
¿Qué otros tiempos exactamente? ¿A qué se refieren con eso? ¿A que todo el mundo pensaba igual? ¿A que nadie sabía que aquello era una barbaridad? ¿A que, como hoy supuestamente tenemos una mayor conciencia (mentira) de lo que significa un genocidio, entonces nadie podía entenderlo ni cuestionarlo?
Porque eso es lo que parece que se pretende justificar cuando se recurre a esa frase.
Y no, no es verdad. Para empezar, estaban los propios pueblos indígenas, que se resistían, que se defendían y que luchaban contra quienes pretendían someterlos. ¡Hasta el día de hoy!
¿Acaso esa resistencia no nos dice nada? ¿Acaso el sufrimiento, el rechazo y la lucha de quienes padecían —y aún padecen— aquella violencia no eran suficientes para entender que aquello estaba y sigue estando mal? No hacía falta esperar siglos para que las víctimas supieran que estaban siendo sometidas, despojadas de sus tierras, violentadas y asesinadas.
Pero claro, entiendo que esa frase solo sirve para justificar al victimario y así pasar por encima de las víctimas e ignorarlas. Porque estas, al fin y al cabo, son las «nadie», como decía Eduardo Galeano.
Sin embargo, ¡qué curioso!, en esos «otros tiempos», como AHORA, tampoco faltaban voces contrarias a aquellas prácticas. Hubo personas que denunciaron los abusos, cuestionaron la conquista y defendieron a los pueblos indígenas. Por tanto, no podemos utilizar la época como excusa para fingir que nadie sabía, que nadie comprendía o que nadie podía actuar de otra manera. Si había personas que denunciaban aquellas atrocidades, es evidente que existía la posibilidad de reconocerlas y oponerse a ellas.
Lo que pasó, como sucede ahora, es que no les dio la real gana de tener una pizca de humanidad. Por eso, ahora debería ser una vergüenza querer celebrarlo.
Así que sigamos fijándonos con detalle en qué hay detrás de esa frase comodín.
¿Qué otros tiempos exactamente? Porque estamos en el siglo XXI y seguimos viendo cómo se cometen atrocidades contra pueblos enteros. Seguimos viendo genocidios, masacres, ocupaciones, apartheid por sexo, misoginia, violaciones, expulsiones forzosas y exterminios, mientras hay quienes los justifican, quienes los niegan y quienes miran hacia otro lado por ciertos intereses ocultos. Seguimos viendo cómo se deshumaniza a las víctimas para que una parte de la sociedad acepte o incluso apoye lo que se está haciendo. Exactamente lo mismo en lo esencial, aunque cambien los escenarios, las épocas, los discursos y las formas de ejercer la violencia.
Hoy contamos con armas, tecnologías y estrategias de destrucción cada vez más sofisticadas. ¡Y claro! Siguen utilizando la mentira, la propaganda y la manipulación para justificar lo injustificable. ¿De verdad hemos evolucionado tanto como nos gusta creer? ¿De qué sirve presumir de progreso si seguimos reproduciendo las mismas relaciones de dominación y justificando la barbarie cuando quienes la sufren son otros?
Es más, se celebra como fiesta nacional.
¿De verdad que no os da ninguna vergüenza?
Por eso, «eran otros tiempos» no es un argumento que justifique nada. Ni sirve para absolver ni podemos convertir las circunstancias históricas en excusas.
Porque explicaciones puede haber muchas, pero justificaciones: NINGUNA. Y tiene menos justificación aún, frente a los hechos ya inevitables del pasado, celebrarlo en el presente, sobre todo sabiendo el daño que se hizo.
La historia no puede analizarse únicamente desde la perspectiva de quienes vencieron, conquistaron y dominaron, sino también desde la experiencia de quienes resistieron, denunciaron y sufrieron las consecuencias. De quienes aún resisten y siguen denunciando.
Porque la humanidad no ha dejado de cometer atrocidades por el simple hecho de avanzar en el calendario. Mientras sigamos justificando la violencia por la época en la que se produjo, estaremos utilizando el pasado como coartada para no cuestionar el presente, tan injusto aún.
Ya sabemos quiénes escriben la historia, lo sabemos: son quienes mandan, quienes ganan las guerras, quienes dominan y quienes imponen su poder. Por eso, las voces contrarias, las de quienes denunciaban las barbaridades que se estaban cometiendo, quedan silenciadas hasta la actualidad o desacreditadas de una forma u otra.
Estoy harta de escuchar semejantes ignorancias como estas: que si ya pasó y era otra época, que si les llevaron «civilización» e incluso les vino mejor… Además de esto último, que representa ese pensamiento colono y antropocéntrico, ya estamos viendo lo bien que les ha ido con tanto colonialismo. Ya veo, ya.
Pero esas voces existían y aún existen. Aún está el eco de esa herencia, clamando justicia y pidiendo, como mínimo, que no se celebre ese holocausto.
Así que debo recordar que en todos los tiempos ha habido personas con la lucidez suficiente para reconocer la barbarie y enfrentarse a ella. Igual que ahora tenemos la lucidez suficiente para reconocer el genocidio que está sufriendo el pueblo palestino y denunciar lo que están haciendo Israel, sus aliados de Europa y EE. UU. y otros países del mundo bien comprados.
Porque, fíjate en esto:
Después de tanta lucha social…, siguen ahí, haciendo lo que les da la gana a pesar de las protestas mundiales. Es más, hay gente que lo justifica, que lo apoya y que incluso niega lo que está ocurriendo. También hay quienes todavía celebran a los nazis.
(Eso será porque parece que tiene que haber de todo: virus, miserables, escoria, mierda y fango en todas partes, claro está).
Pero que haya personas o sociedades enteras capaces de justificar, fomentar, perpetrar, apoyar o celebrar la barbarie no significa que esta sea legítima, que debamos normalizarla ni, mucho menos, que tengamos que convertirla en motivo de celebración, y menos aún como símbolo nacional. Porque es de vergüenza, por lo que representa y por lo que dice de una nación, que eso se celebre.
Así que sí, era otro tiempo y otra historia. Sin embargo, aún está presente, porque está claro que, por celebrarla y por negarla, aún seguimos repitiendo la historia de los crímenes contra la humanidad en vez de condenarlos.
El criterio de ahora (gracias a los Derechos Humanos, traídos por el movimiento de la historia feminista) nos permite reconocer aquella violencia y sus consecuencias. Y precisamente porque conocemos la historia, porque sabemos lo que significan la conquista, la colonización y el exterminio de pueblos enteros, tenemos la responsabilidad de revisar qué celebramos y por qué lo celebramos.
Porque, si todavía lo celebras, es porque sigues siendo parte de esa humanidad privilegiada que alberga en su fuero interno a esos mismos conquistadores perversos e incoherentes y que aún no ha evolucionado.
Porque, si se celebra, es porque saben y creen que, si se les da la oportunidad, la fuerza y el poder, como demuestran los ejemplos que he puesto al principio, hoy volverían a hacer lo mismo.
Y así una y otra vez.
Eso es lo que significa celebrar la conquista de otros pueblos y la colonización en sí.
Porque, si aún hoy en día no han parado los exterminios, es porque se empeñan, como hoy, 12 de octubre, en celebrarlo una y otra vez, en vez de enseñar a las nuevas generaciones que esos episodios de la humanidad son una vergüenza y nunca podrán ser dignos de ninguna celebración.
Así que conocer la historia es importante; estudiarla y comprender el contexto en el que sucedieron los hechos, escuchando todas las versiones, es aún más importante. Pero más importante todavía es estudiar la huella de esos hechos hasta la actualidad: las consecuencias que aún perduran.
Por eso, celebrar las conquistas, la dominación y la violencia ejercida contra otros pueblos es una perversión tan narcisista que resulta alarmante y asusta.
Asusta porque, si se celebra —y me reitero a propósito—, es porque entonces es susceptible de volver a suceder una y otra vez. Y por la impotencia que me genera ver cómo el mundo está tan perdido y tan dominado por tanta ignorancia, tanta psicopatía, tanta sociopatía y tanto retrogradismo sin lógica alguna para un corazón que albergue un mínimo de bondad.
Por eso, igual que deberían ser condenados todos aquellos que ensalcen el fascismo y el nazismo (que, por desgracia, no lo están), también debería ser condenable y estar mal visto que se ensalce la celebración del colonialismo. (Igual que se condenan los crímenes en nombre del sionismo).
Y eso es lo que cuestiono de la celebración del 12 de octubre: que se convierta en una fiesta nacional aquello que para millones de personas y sus pueblos representa el comienzo de una historia de invasión, sometimiento, expolio y exterminio.
Sobre todo, que lo haga un país que supuestamente hace apología de una Constitución que proclama derechos, libertades e igualdad. ¿Cómo se puede defender todo eso y, al mismo tiempo, celebrar una conquista que supuso la negación de esos mismos derechos para los pueblos conquistados?
Yo te voy a contestar, porque estamos en una democracia falsa y la Constitución solo es papel mojado para los poderes fácticos.
¡Qué importante es mirar nuestra historia de frente y reconocer los errores! Para eso hay que conocerla, no maquillarla. Hay que comprenderla, no justificarla. Y, desde luego, no tenemos por qué celebrar aquello que hoy sabemos claramente y que se reconoce sin duda alguna como una barbaridad y una total injusticia.
En el 12 de Octubre (de cualquier año y siglo) no hay nada que celebrar y sí mucho que lamentar."
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