2026/01/06

LA PROFECÍA DE GASPAR

 ADVERTENCIA DE CONTENIDO.


Esta historia contiene referencias a muerte, profecías, rituales y simbolismo religioso oscuro. Lectura bajo tu propia responsabilidad.

Creada con fines recreativos.


 LA PROFECÍA DE GASPAR

Escrita por: Sr. Conejo.


Nadie recuerda el rostro de Gaspar.

Siempre hablan de Melchor y su oro, de Baltasar y su incienso,

pero el tercero…

el que cargaba una caja de madera negra sellada con símbolos antiguos…

ese nunca aparece en los nacimientos.

Porque Gaspar no llevaba un regalo.

Llevaba un anuncio de muerte.

La noche en que entraron al establo, el niño dormía.

María sonreía cansada.

José agradecía en silencio.

Gaspar no sonrió.

Se arrodilló, abrió la caja y el aire se volvió espeso.

No era un aroma dulce.

Era el mismo olor que flota en las tumbas recién cerradas.

—No es para honrarlo —murmuró—.

—Es para cuando deje de respirar.

Nadie entendió sus palabras.

Pero Gaspar sí.


El sueño prohibido

Días antes, en el desierto, Gaspar había tenido una visión:

Vio al niño ya adulto, clavado a madera húmeda.

Vio sangre cayendo como cera derretida.

Vio a mujeres llorando mientras quemaban resinas funerarias para cubrir el olor del cadáver.

Y entonces escuchó una voz:

“Tráeme el perfume de mi final.”

Cuando despertó, sus manos estaban manchadas de resina oscura,

aunque no había abierto aún la caja.


El pacto de humo

La mirra —el copal de los muertos— se utilizaba para embalsamar reyes,

pero también para sellar almas que no debían volver.

Gaspar sabía algo que nadie más:

Ese niño no moriría como los hombres comunes.

Su espíritu iba a intentar regresar.

Por eso el regalo no era para el nacimiento,

sino para impedir que el muerto caminara otra vez.


 La confesión final

Años después, viejo y ciego, Gaspar dejó escrito en un pergamino:

“No fui a ver a un salvador.

Fui a ver a un condenado.

Y llevé el copal no para bendecirlo…

sino para asegurarnos de que cuando muriera,

el mundo no tuviera que enfrentarse a su regreso.”

Ese pergamino desapareció.

Pero cada año, cuando enciendes copal en Navidad,

cuando el humo se mete en tu casa, en tus pulmones, en tus sueños…

No estás celebrando un nacimiento.

Estás repitiendo el ritual de Gaspar.

El rito que mantiene cerrada una tumba que nunca debió abrirse. 



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