Que nadie te venga con el cuento de que bloquear es de inmaduras, inmaduros o de personas “ardidas”.
Eso suele decirlo quien se da cuenta de que perdió el acceso a ti.
Bloquear no significa que aún te importa ni que guardas rencor; significa que te respetas lo suficiente como para cerrarle la puerta a quien solo entra a tu vida a desordenar. Es un acto de autoridad sobre tu propia paz.
Tu salud emocional no es negociable. Y tus redes sociales son tu casa, no una plaza pública donde cualquiera tiene derecho a entrar, opinar y salir como si nada. Sacar a personas tóxicas de tu vida digital no es debilidad, es higiene básica.
Cerrar una puerta también es amor propio. Es decir: hasta aquí.
No necesitas fantasmas viendo tus historias, ni mensajes que te atrasen el proceso de sanar.
Te invito a ser feliz.
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