Esperar que el mundo te trate bien porque eres una buena persona es como pensar que un toro no te va a atacar porque eres vegetariana.
Y es que una cosa es tener buen corazón... Y otra pensar que la vida lleva un Excel con tus buenas acciones y, al final del mes, te manda un correo:
"Enhorabuena, Rebeca. Por buen comportamiento, este mes no te tocará ningún gilipollas."
Ojalá... Pero no.
Tú puedes ser buena persona, ayudar, preocuparte por los demás, estar cuando alguien te necesita y procurar no hacer daño...
Y aun así aparecerá alguien dispuesto a comprobar hasta dónde llega tu paciencia.
Porque la vida no funciona así.
No te ve haciendo el bien y piensa:
"Esta no, que es buena. A esta vamos a dejarla tranquila."
Qué va.
La vida tiene menos sensibilidad que un cajero automático.
Es como pensar que si le das de comer a un cocodrilo todos los días, el domingo te va a preparar el desayuno por agradecimiento.
No, cariño... El cocodrilo seguirá siendo cocodrilo... Y algunas personas también.
Ser leal no garantiza que te sean leales, ser sincera no evita que te mientan, ayudar no significa que te ayuden... Y querer bonito no impide que alguien pueda quererte mal.
Pero eso no significa que yo vaya a cambiar.
No quiero volverme una persona peor porque otras personas no hayan sabido tratarme bien.
Lo que sí quiero es aprender... Aprender a poner límites, a reconocer ciertas cosas antes, a no darle las llaves de mi vida a cualquiera que llegue diciendo:
"Confía en mí."
Porque también podría venir un mapache con americana y decirme que me va a gestionar las inversiones.
Ser buena persona no significa ser ingenua.
Puedo tener buen corazón y tener memoria, puedo perdonar y mantener la distancia, puedo ayudar y saber decir que no, puedo querer muchísimo y, aun así, cerrar una puerta cuando alguien cruza determinados límites.
Porque una cosa es ser buena... Y otra hacer oposiciones para que te tomen por tonta.
Así que sí...
Seguiré siendo buena persona, seguiré ayudando cuando pueda, seguiré estando para quien quiero, seguiré intentando hacer las cosas bien.
Pero ya no espero que eso haga que todo el mundo me trate bien.
Sería como pensar que un gato va a respetar tu sofá porque le has explicado con mucha educación que acabas de comprarlo.
O que una cucaracha va a salir de tu casa porque le has dicho: "Perdona, pero aquí no puedes estar."
No... Te mira...Y probablemente se queda.
Por eso ahora tengo algo bastante claro... Voy a seguir teniendo buen corazón, pero con límites, con experiencia...Y, sobre todo, con la puerta bien cerrada cuando haga falta.
Porque hasta los corazones más buenos necesitan cerradura. Y no... No pienso convertirme en una mala persona.
Simplemente he aprendido que ser buena no significa ser gilipollas.
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