Cuanto más mayor me hago, menos paciencia tengo para las tonterías... De verdad.
Cada vez me interesan menos los conflictos innecesarios, las discusiones absurdas, las indirectas, los juegos de ego, las competiciones ridículas por tener razón y toda esa colección de dramas que algunas personas parecen convertir en un estilo de vida.
Antes intentaba explicarme, convencer, aclarar malentendidos y hacer que todo el mundo estuviera bien... Ahora no.
Ahora sé que hay personas que no quieren entender, quieren discutir. No quieren soluciones, quieren problemas. No quieren paz, quieren atención.
Y sinceramente, ya no me apetece participar.
He descubierto que mi energía vale demasiado para gastarla en conversaciones que no llevan a ninguna parte, en personas que se ofenden por deporte o en quienes convierten cualquier detalle en una tragedia griega.
Prefiero un café tranquilo a una discusión interminable, una buena conversación a una pelea de egos, una tarde de risas a una explicación que nadie ha pedido...
Y qué curioso... cuanto más madura una persona, menos necesidad tiene de. demostrar constantemente lo inteligente que es, lo importante que es o lo mucha razón que tiene.
Porque la gente que vive bien suele estar ocupada viviendo...Los demás están ocupados creando problemas donde no los hay.
Así que sí, cuanto más mayor me hago, más selectiva soy con mi tiempo, con mi energía y con las personas que dejo entrar en mi vida.
Y cuanto más claro veo lo corta que es la vida, más convencida estoy de algo:
La paz no tiene precio... Y hay gente que sale demasiado cara.
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