Las urracas siempre van en manada... Las águilas volamos solas.
Y no es que las águilas tengamos problemas para socializar... Es que llega un momento en la vida en el que te das cuenta de que estar rodeada de gente no significa estar bien acompañada.
Las urracas necesitan ir todas juntas... Una dice: “Mira, qué ha hecho esta” y las otras ya están haciendo un comité de investigación, con informe, anexos y hasta reconstrucción de los hechos.
Una sola no puede montar el espectáculo... Pero juntas tienen una capacidad extraordinaria para convertir una conversación de cinco minutos en una temporada completa de Netflix.
Y luego está el águila... El águila va por libre.
No necesita un grupo de WhatsApp para decidir si le cae bien alguien.
No necesita siete personas para confirmar que algo que ha visto con sus propios ojos ha ocurrido.
Ni necesita sentarse con las amigas para analizar durante tres horas por qué alguien ha puesto “jajaja” en un mensaje en lugar de “jajajajaja”.
El águila observa... Y sigue volando.
Porque también llega una edad en la que empiezas a valorar muchísimo el silencio... La tranquilidad... El no tener que explicar cada cosa que haces... Y, sobre todo, el maravilloso lujo de que tu vida no sea un asunto de interés general.
Yo cada vez entiendo más a las águilas.
Hay personas que necesitan estar siempre acompañadas porque el silencio les pone delante de sí mismas y, claro... qué susto.
Mucho mejor hablar de la vecina, del ex, de la prima de la cuñada y de una señora que viste el martes en el super.
Eso une muchísimo!!!.
Y ojo, que yo también disfruto de una buena conversación y de reírme con gente que quiero... Pero una cosa es compartir la vida y otra necesitar público hasta para ir al baño.
Prefiero pocas personas y buenas conversaciones.
Prefiero un amig@ con la que pueda estar tres horas hablando de todo... o tres horas sin decir absolutamente nada.
Prefiero la gente que no necesita una audiencia para sentirse importante.
Y, sobre todo, prefiero no tener que pertenecer a ninguna manada para sentir que pertenezco a algún sitio.
Porque quizá la diferencia no esté en estar solo o acompañado... Quizá esté en saber estar contigo mismo.
Las urracas vuelan juntas... Las águilas vuelan solas.
Y yo, sinceramente... después de ver algunos grupos, algunas conversaciones, algunos "patios de colegio", algunos niveles de cotilleo...
cada día tengo más claro que lo mío no es un problema de soledad.
Es que tengo muy buenas vistas desde aquí arriba.
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