Nunca me gustó el sexo casual, ni los “casi algo”, ni las relaciones abiertas, ni eso de salir con alguien sintiéndome una opción más. Tampoco me interesa el “dejemos que fluya” cuando en realidad nadie se responsabiliza de nada. Si invierto tiempo, energía y exclusividad en conocerte, espero exactamente lo mismo.
Espero constancia, honestidad, tranquilidad y estabilidad. No me interesa el ruido, ni el juego, ni la confusión. Me gusta saber dónde estoy, con quién estoy y qué lugar ocupo. Lo básico, lo sano, lo real.
LA VERDAD NO TIENE COMPETENCIA
Cuando las verdades no alcanzan, algunos sienten la necesidad de inventar historias. Historias para ensuciar lo que nunca podrán igualar, porque la grandeza y la autenticidad incomodan.
Quien no sabe ganar con argumentos, se refugia en su arma más baja: la mentira. La que hiere, distorsiona y deja claro que la mediocridad siempre buscará sabotear lo que brilla.
No pierdo tiempo en aclarar lo evidente; la mentira siempre se descubre sola. Y mientras ellos se hunden en su fango, yo sigo arriba, observando y sonriendo.
Y sí, a mí me gusta meterle corazón a las cosas. No me hace cursi ni débil, ni me da vergüenza. Al contrario: me hace ser selectiva, exclusiva y cada vez más rara…
en un mundo donde el sexo está romantizado y el amor, completamente olvidado.
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