2025/12/11

Con tan solo 4 años y sin derecho a vivir.

 Nadie hizo nada.

Ni familiares, ni vecinos, ni maestros, ni trabajadores sociales, ni psicólogos, ni policías, ni siquiera un dios menor que, harto de luces de dulce navidad, se acercara al otro lado, donde habitan las bestias. 

Pero nadie hizo nada. Y todos sabían lo que estaba ocurriendo con el pequeño Lucas: maltrato físico y verbal por parte de su padrastro y de su madre de manera continuada. Y en el pueblo todos lo veían, lo grababan incluso; lo sabían. El niño acudía poco y maltrecho al colegio, lleno de moratones y miedo. Por apatía social, un fenómeno llamado difusión de la responsabilidad en el grupo, ocurren estas cosas: una comunidad es consciente del horror al que es sometido uno de sus miembros pero no hace nada. Ya lo harán otros, para qué nos vamos a meter en líos, bastante tenemos con lo nuestro. 

Nacer para morirte de horror durante los cuatro años de tu escasa y espeluznante vida, abusado sexualmente por tu padrastro, apaleado además por éste y por tu madre. Y los demás, callados. Lo sabían y callaban. Ese silencio cobarde los hace cómplices. Pero domesticarán sus conciencias. 

La madre lo llevó a la playa por última vez y lo dejó tras una roca, como un fardo infame, agonizando. Era de noche, hacía frío. Lucas, así, moría junto al mar, asesinado su cuerpo pequeño y vulnerable. Descansando eternamente en un lugar de juegos, risas y belleza. 

El rumor de las olas se hizo rugido, al fin. 

Porque nadie había hecho nada. 

Malditos sean todos. 


Es un caso de un niño en España que odio más grande a esta sociedad 🤬

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