NO HABLES MAL DE UNA MUJER
No hables mal de una mujer si no sabes el pasado de tu madre ni el futuro de tu hija.
La lengua fácil siempre ha sido arma de cobardes, de esos que creen que insultar es gratis,
que juzgar es un deporte y que sembrar veneno no tiene consecuencias.
No me ofendo cuando un hombre como tú habla mal de mí.
Ofendida debe estar tu madre… por haber parido a alguien con tan pocos huevos y tan poca vergüenza.
Porque una mujer se respeta, incluso cuando no la quieres, incluso cuando no te gusta, incluso cuando no te queda otra que asumir que jamás podrás llegar a su altura.
Así que ladra lo que quieras, que al final, quien queda en ridículo no soy yo.
Ridículo es aquel que señala a una mujer sin mirar primero el pasado de su madre… ni el futuro de su hija.
Porque hablar de otras es simple… lo difícil es mirarse al espejo sin que arda la vergüenza.
Los que ladran primero suelen tener la casa hecha un desastre,
y aún así se sienten con el derecho de señalar, criticar y escupir nombres ajenos.
Así que antes de hablar de una mujer, aprende a respetar la historia de la que te dio la vida,
y a cuidar la de la que quizá te la continúe.
No olvides esto: el karma no falla… pero la memoria de una mujer, tampoco.
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