Así se veía la imagen de "Santa Claus" o "Papá Noel" en la mitología de las antiguas tribus eslavas y/o nórdicas.
Era el señor del invierno y las heladas. Lo llamaron de manera diferente, según la región: Triskun, Karachun, Zimnik y por supuesto, Moroz o Frost.
Actuó en la forma de un abuelo malvado gigante que congelaba a las personas junto con el ganado y todos sus suministros.
Para apaciguarlo, las tribus le ofrecían sacrificios humanos, especialmente de bebes recién nacidos, y niños. Un ejemplo de ellos es este:
Una niña era atada a un árbol en el bosque. Si por la mañana la encontraban congelada y cubierta de hielo o nieve, significaba que Frost aceptaba el sacrificio y la gente sobreviviría al invierno.
Según las creencias de antepasados, por la noche en las heladas severas iba de casa en casa y llamaba a las personas por su nombre el que respondía moría. De ahí la creencia de que escuchar tu nombre exclamado es de mal augurio.
Y en el paquete "con regalos" llevaba las cabezas de los muertos. Su kuntush (gorro) rojo era por causa de las salpicaduras de sangre de dichos difuntos... Así y con el paso del tiempo, esta criatura del inframundo, fue llamada "Papá Noel" o "Santa".
Sin embargo, es importante destacar que la historia de Santa Claus como la conocemos hoy en día es una construcción más reciente, influenciada por la literatura y la publicidad del siglo XIX. La imagen de un Santa Claus bondadoso se debe en gran parte a la obra de Thomas Nast y otros artistas de la época.
Asi que originalmente, este personaje era un demonio terrorífico que fue convertido con el tiempo en un ser bondadoso que lleva regalos.

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