ADVERTENCIA DE CONTENIDO.
Este relato contiene descripciones de muerte, profanación de un cadáver, violencia simbólica y situaciones perturbadoras inspiradas en hechos históricos reales. Lectura recomendada para público adulto o con sensibilidad histórica.
EL JUICIO DEL SILENCIO.
Roma olía a humedad y a pecado antiguo.
Nueve meses después de muerto, el papa Formoso volvió a la basílica. No caminando, no hablando, no respirando. Volvió arrastrado por manos temblorosas, envuelto en telas que ya no le pertenecían, con la piel endurecida por la muerte y el poder.
Yo estaba allí.
No como juez, ni como acusador.
Estaba allí porque alguien tenía que mirar.
El cuerpo fue sentado en el trono papal. La tiara ladeada, los dedos rígidos, la boca incapaz de defenderse. Frente a él, el papa Esteban VI, vivo, furioso, inseguro. Un hombre que gritaba para no oír sus propios miedos.
—Formoso, se te acusa… —tronó la voz.
Un diácono respondió por el cadáver, como si la justicia pudiera fingirse entera cuando el acusado no podía ni caer.
Las acusaciones eran antiguas, políticas, viscosas. No hablaban de fe, sino de poder. No hablaban de Dios, sino de tronos, alianzas, traiciones. El juicio no buscaba verdad: buscaba borrar.
Cuando declararon culpable al muerto, nadie se sorprendió.
Cuando le cortaron los dedos de la bendición, algunos lloraron.
Cuando lo arrojaron al Tíber, Roma tembló.
Dicen que el río lo devolvió a la orilla.
Dicen que el cuerpo no quiso desaparecer.
Dicen que hasta los muertos se rebelan cuando la injusticia es demasiado ruidosa.
Poco después, Esteban VI murió estrangulado en su celda. El pueblo habló con piedras y silencio. Los siguientes papas intentaron recomponer lo irreparable, pero la mancha ya estaba escrita.
Desde entonces, Roma recuerda.
No porque Formoso fuera santo.
Sino porque incluso un cadáver merece descanso.
Y porque cuando el poder juzga a los muertos, los vivos ya están condenados.
Yo me fui de la basílica al amanecer.
El trono seguía vacío.
Y por primera vez, el silencio parecía justo.
Toda estas historias están en libertad y los italianos podemos leer.Te puedo asegurar que si Roma hecho al vaticano fuera del país fue por algo ..
P.D Soy anti religiones.
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