2026/08/18

Sin hacer ruido...

 Hay algo que me resulta cada vez más difícil de entender...


En este circo llamado vida, parece que hemos decidido poner los focos sobre los payasos y dejar en la sombra a las personas de verdad.


Le damos atención al que grita, al que provoca, al que exagera, al que convierte su vida en un escaparate... 


Mientras apenas miramos a quien está sosteniendo a su familia, cuidando a alguien enfermo, levantando su vida después de un golpe o tendiendo una mano sin contárselo a nadie.


Qué curioso...


Para algunos, hacer ruido se ha convertido en una forma de existir.


Y para otros, existir significa simplemente estar.


Estar cuando hace falta... Cumplir cuando nadie mira... Cuidar sin fotografiarlo... Ayudar sin publicarlo... Querer sin anunciarlo.


Y quizá por eso cada vez me fío menos de los focos.


Porque un foco puede iluminar una cara... pero no puede decirte qué hay detrás de ella.


Puede convertir a alguien en protagonista durante cinco minutos... y no decirte absolutamente nada de cómo trata a las personas cuando se apaga el escenario.


A mí me interesan mucho más los que no necesitan público.


Los que siguen siendo buenas personas cuando nadie les está mirando.


Los que no necesitan aplausos para hacer lo correcto.


Los que no presumen de tener valores... simplemente los tienen.


Porque al final, cuando termina el espectáculo, cuando se apagan las luces y ya no queda nadie para aplaudir...


Los payasos vuelven a guardar el maquillaje.


Y los rostros verdaderos siguen siendo los mismos.


Quizá por eso habría que mirar un poco menos hacia el escenario...


Y bastante más hacia las sombras.


Porque algunas de las personas más valiosas que vamos a conocer en nuestra vida...


Puede que estén justo ahí.


Sin focos... Sin aplausos... Sin hacer ruido... Y, aun así, iluminándolo todo. 




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