Estamos convirtiendo los vínculos humanos en meros intercambios comerciales.
Medimos el amor en función de lo que el otro nos aporta en la foto y valoramos las amistades según las puertas que nos puedan abrir o los favores que nos deban.
A la primera de cambio, en cuanto una relación exige un esfuerzo real, paciencia o atravesar un bache incómodo, la tiramos a la basura como si fuera un producto defectuoso con garantía caducada.
Nos da pánico profundizar porque profundizar exige vulnerabilidad, y en esta sociedad de plástico todo el mundo quiere recibir el máximo arriesgando el mínimo.
Y te das cuenta de que al final la vida es sólo eso, caer y levantarse, caer y volver a levantarse.
Y entre hostia y hostia
Alegrarte los viernes y joderte los lunes.
Y abrazar a quien te quiera abrazar, y a quien no quiera... pues no lo abraces, y que le den mucho por el culo.
Y no pasa nada.
En serio.
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