2026/08/19

La muerte antes que el mal gusto..

Preferimos la muerte antes que el mal gusto": la peligrosa moda del papel decorativo que escondía un veneno mortal


 Durante los siglos XVIII y XIX, el verde era el color de moda: elegante y vibrante, estaba presente en vestidos, papeles pintados para empapelar habitaciones, juguetes y objetos decorativos. Lo que pocos sabían entonces era que ese color podía ser mortal. El avance de la química durante aquella época trajo nuevos pigmentos, y uno de los más codiciados fue el “verde de Scheele”, una tonalidad de color esmeralda obtenida mediante compuestos de cobre y arsénico.


Desde su aparición en 1775, creado por el químico sueco Carl Wilheim Scheele, este pigmento se hizo extremadamente popular en la industria textil, la papelería, la pintura y hasta en los dulces. Las élites lo adoraban por su tonalidad brillante, resultado de unos compuestos inorgánicos que daban un tono más intenso que los pigmentos vegetales anteriores. Pero esta belleza tenía un precio letal.


Al principio, nadie relacionó el pigmento con los problemas de salud, hasta que empezaron a darse casos de personas que enfermaban. Trabajadoras de fábricas que teñían telas con verde de Scheele tenían vómitos, úlceras y problemas respiratorios; algunas incluso perdieron el cabello o sufrieron alucinaciones. También las personas que vestían ropa teñida de verde o decoraban sus casas con papel pintado de ese color empezaban a sentirse mal.


Sin embargo, en un primer momento estos síntomas no se asociaron con el pigmento ya que las enfermedades respiratorias eran comunes por otros muchos motivos, especialmente en espacios cerrados y mal ventilados. Además, aunque parezca increíble, entonces el arsénico era un componente común en otros productos cotidianos y su toxicidad no era plenamente comprendida. En las casas de la alta sociedad, el verde de Scheele estaba por todas partes: cortinas, moquetas, juguetes…


Antes muertos que sencillos

Al cabo de unos años se descubrió que, en ambientes húmedos, el pigmento podía desprender un polvo fino o vapores de arsina, un gas altamente tóxico. Algunos médicos alertaron del riesgo, pero incluso entonces chocaron con la resistencia de la industria y de una sociedad fascinada por la estética. Era un color tan deseado que muchos lo pagaron con la vida gustosamente. Como ironizaba un periódico británico de la época, “preferimos la muerte antes que el mal gusto”.


Una de las víctimas más conocidas de esta moda pudo haber sido Napoleón Bonaparte. Aunque su muerte en 1821, se atribuyó oficialmente a un cáncer de estómago, análisis posteriores de su cabello revelaron altos niveles de arsénico. Muchos historiadores sugieren que su prolongado encierro en la húmeda y mal ventilada casa de la isla de Santa Elena..

Decorada precisamente con papel teñido de verde de Scheele, pudo haber contribuido a su deterioro. Y lo más irónico es que fue él mismo quien eligió este papel, porque al igual que a muchos, le encantaba.

No fue hasta finales del siglo XIX que se tomó conciencia real del problema. Campañas médicas y la creciente evidencia científica llevaron a una retirada progresiva de los pigmentos con arsénico en Europa. Sin embargo, la moda tardó en cambiar, y la historia del verde asesino es un recordatorio perturbador de cómo la estética y la industria pueden chocar con consecuencias imprevistas. Hoy, cuando admiramos los intensos verdes de algunos cuadros o vestidos antiguos, cuesta imaginar que detrás de esa belleza se escondía un veneno mortal.

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