Este año me propuse tener más paciencia... La intención era buenísima, la realidad... bastante menos.
Porque una cosa es querer cambiar, y otra muy distinta es salir a la calle y comprobar que hay personas que parecen levantarse cada mañana con el firme propósito de ponerte a prueba.
También pensé que ya era hora de controlar un poco más mi carácter.
Y lo intento... De verdad que lo intento.
Pero luego aparece alguien que confunde la mala educación con sinceridad, la falta de respeto con personalidad... y ahí empieza mi entrenamiento intensivo de respiración.
Y después está mi propósito favorito: No responder con sarcasmo.
Ese duró exactamente lo que tardó alguien en decir una tontería con muchísima seguridad.
Lo curioso es que siempre nos dicen que cambiemos.
Que tengamos más paciencia... Que contemos hasta diez... Que no contestemos.
Pero nadie habla de lo difícil que es mantener la calma cuando el sentido común decide cogerse vacaciones.
Con los años he aprendido algo: No siempre merece la pena responder.
Pero, cuando lo hago... intento que, al menos, el sarcasmo sea educado.
Que una tiene su carácter... Pero también tiene modales.
No hay comentarios:
Publicar un comentario