Me encanta esta hora del día... todos duermen todavía... todo está en silencio... el olor de mi café recién hecho... Y a pensar...
Hoy en el karma y en esa creencia casi ciega que tengo de que todo termina volviendo a su origen.
No sé cuándo. Ni cómo. Y seguramente tampoco de la manera que esperamos.
Pero vuelve.
Con los años he aprendido que no quiero gastar mi tiempo esperando que la vida haga justicia por mí... Bastante tengo con intentar poner en orden la mía.
Porque sí, puedes engañar, manipular, hacer daño y hasta conseguir que durante un tiempo parezca que has ganado.
Pero una cosa es ganar una batalla y otra muy distinta vivir con lo que has hecho.
Y ahí es donde creo que el karma no necesita testigos.
Por eso ya no me interesa demasiado ver caer a quien me hizo daño... Prefiero seguir caminando y dejar que cada uno se encuentre, tarde o temprano, con aquello que ha ido sembrando.
Yo también me equivoco, me enfado y tengo días en los que podría hacerlo mejor. No soy perfecta.
Pero intento no hacer daño a propósito.
Y cuando puedo elegir entre actuar desde el cariño o desde el rencor, elijo el cariño.
No por los demás... Por mí. Porque dormir tranquila vale muchísimo más que tener razón.
Así que cada uno que cuide su jardín como quiera... Yo ya no arranco las malas hierbas de nadie.
La vida se encarga de las cosechas... Yo prefiero ocuparme de la mía.
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