2025/07/13

Poner límites .consejos.

 No la confrontes… pon límites desde tu nueva identidad. No quiero pelear con ella… pero tampoco quiero seguir perdiéndome a mí.

El cerebro tiende a repetir patrones, incluso los dolorosos, por una sola razón: nos son familiares. La corteza orbitofrontal —según Daniel Goleman— guarda las rutas emocionales más conocidas, aunque sean disfuncionales.

No necesitas destruir el vínculo para sanar… pero sí necesitas dejar de anularte en él.


TESTIMONIO:

“No le grité, no me peleé. Solo le dije: ‘Ya no acepto que me hables así’. Me tembló todo… pero no me rompí.” — Carla, 36


CONSEJO PRÁCTICO:

Escribe tres frases que puedas usar cuando ella quiera invalidarte:

“No estoy disponible para hablar de eso ahora.”

“Entiendo que pienses distinto, pero yo tengo otra forma.”

“Prefiero que no hablemos así frente a los niños.”

Repítelas en voz alta. Entrenar tu voz… fortalece tu identidad.


No necesitas convertirte en tu madre para poner límites.

Solo necesitas dejar de actuar como la niña que callaba para que no la abandonaran.

Poner un límite no es despreciar a quien te crió…

es empezar a cuidar a la que tú estás criando hoy: tú misma.

. Siempre descalza.

 Yo no sé querer a medias, ni siquiera sé cómo se hace.

Yo soy de entregarme entera, un todo o nada, de dar lo que tengo, de abrazar de verdad, de besar sin censuras y amar sin medidas.

Yo no sé de mentiras, ni de juegos sucios, ni de sonrisas falsas.

Yo soy de letras que rondan por mi cabeza, de versos que nacen del corazón, de raíz firme y de noches de bohemia.

Yo no sé de envidias, ni de corazones que no sienten nada, ni de daños gratuitos, ni verdades disfrazadas.

Yo soy de guardar lágrimas en la almohada, de sostener el dolor en las entrañas, y de sonreír aunque algo me quiebre el alma.

Yo no sé irme si no encuentro una razón, ni quedarme si ella me encuentra, no sé borrar palabras que hieren, ni escribir un te quiero que no lo sienta 

Yo soy de dedicar canciones de amor, de valorar pequeños detalles, de desordenarte los cinco sentidos y de desnudarte sin quitarte la ropa. 

Yo soy la voz dormida, silencio si el miedo me atrapa y grito si pones en duda mi palabra.

Yo soy de lluvias que mojen mi piel, de las que me sanen de las tormentas, de contemplar el mar a solas cuando el dolor me ahoga y de andar por la vida siempre... Siempre descalza.



2025/07/10

Historias de los heteros sexuales.


 Por culpa de este bolsito mi compañero de trabajo me contó una historia que le pasó y quiero compartir con todos jajaja si te vas a reír.

⬇️💬

Hace un tiempo me escribió un tipo por Messenger respondiendo a un estado. Ya venía pasao de intensidad, pero yo hice lo que uno hace en paz: dejarlo pasar.

Al rato, el socio se embala y me manda una foto…

Le digo, con toda la educación del mundo, que yo soy hombre, heterosexual, con tilde en la H y subrayado en negrita. Pensé que con eso bastaba.


Pero no.

El valiente regresa,

y esta vez manda otra foto.

Acostado.

Desnudo.

Con una cama que parecía haber sobrevivido a la Guerra del Golfo

y un techo que pedía a gritos una paleta de cemento y dignidad.


Y ahí sí… tuve que responderle:


—Compadre… ¿qué parte de hombre y heterosexual no le entró en el cráneo?

Pero ya que estamos aquí:

si usted le ha mandado esa foto a más de una persona, le ruego, no, le exijo…

vaya ahora mismo y pida perdón.

¡PIDA PERDÓN!


¿Cómo usted va a mandar ese cachivache tan tristón?

Con dos centímetros menos usted califica como princesa.

Imagino que en el momento hacía un frío brutal,

o que había una corriente de aire que recogió todo como un toldo en un ciclón.


Pero tengo una duda legítima:

¿usted orina sentado?

¿O necesita un GPS pa’ encontrar eso dentro del pantalón?


Mire, le doy un consejo de corazón:

orine sentado.

O mejor, hágase un nudo en la punta y use eso como llavero.

Porque lo que es como herramienta de seducción,

eso da más lástima que el arroz sin sal.


Y por favor, antes de mandar fotos desnudo otra vez,

revise que la cama no esté a punto de fallecer

y que el techo no parezca una escena de CSI: Cayo Hueso.

Sea decente, carajo.


P.D. Por tu culpa después andan las mujeres diciendo que todos los hombres somos iguales… y no, compadre, tú eres peor que la excepción.

Bro, por tu culpa después uno tiene que esforzarse el triple pa’ que no lo comparen con esa tristeza que tú mandaste. ¡No seas tan saboteador de la especie!



No me gusta la gente falsa

 “No me gusta la gente falsa. Me da asco su forma de sonreír mientras por dentro están deseándote lo peor.”


He aprendido a identificarlos.

Son esos que te aplauden en voz alta, pero te critican en voz baja.

Que te abrazan con una mano y con la otra te clavan un puñal.

Que te hablan con dulzura solo cuando te necesitan, pero desaparecen cuando eres tú la que necesita algo.

Yo no puedo con esa gente. Me repelen. Me agotan. Me hacen desconfiar de todo.

Y no es que me haya vuelto fría o desconfiada por gusto, es que me ha tocado ver demasiadas sonrisas falsas, escuchar demasiadas promesas huecas, confiar en demasiadas personas que no valían ni una palabra.

Y duele, ¿sabes?

Porque una da lo que tiene. Porque una cree que los demás sienten igual. Pero no.

Hay quienes no saben querer sin interés, ni hablar sin doble intención.

Y ya no quiero eso en mi vida.

Prefiero la soledad a la compañía de los hipócritas.

Prefiero cuatro verdades de frente que mil mentiras envueltas en dulzura.

Así que si te cuesta ser real, si te cuesta ser leal, si no sabes estar sin fingir, no te acerques.

Ya bastante tengo con mis propias batallas como para andar lidiando con gente que juega a ser buena mientras va sembrando veneno por donde pasa.

Locuras del.mundo.

 Hoy existen múltiples formas de evitar un embarazo: píldoras, preservativos, DIU, inyecciones, parches… Pero durante miles de años, la humanidad se las arregló como pudo, combinando ingenio, superstición… y mucho riesgo.


En el Antiguo Egipto, ya se intentaba evitar la concepción con métodos sorprendentes. Usaban condones rudimentarios hechos de intestinos de animales, colocaban telas entre los genitales o insertaban en el cuerpo femenino una mezcla de pan, miel y dátiles con efecto espermicida. Pero uno de los más insólitos venía del Papiro de Petri: una pasta hecha con excremento de cocodrilo y miel, aplicada directamente en las partes íntimas.


En la Grecia Antigua, el silfio era la estrella. Esta planta, hoy extinta, era tan popular por sus propiedades anticonceptivas que se llegó a representar en monedas. Aristóteles también hablaba de ungüentos hechos con aceite de cedro o incluso con plomo e incienso.


En la China antigua, algunas mujeres bebían mercurio diluido para evitar el embarazo. El remedio era más venenoso que eficaz.


Entre los pueblos judíos antiguos, se usaban extractos de cebolla o alquitrán como barrera masculina, y esponjas absorbentes para intentar retirar el esperma. También se menciona el uso del “moch”, un tampón rudimentario de algodón.


Durante la Edad Media, los preservativos de intestinos animales eran comunes. Se ablandaban en leche y se reutilizaban. También se practicaban duchas vaginales con agua y mercurio. Giacomo Casanova, por su parte, usaba mitades de limón como método anticonceptivo femenino.


En los siglos XIX y XX, la ciencia empezó a tomar el relevo: supositorios de quinina, compuestos de fenilmercurio, espermicidas y hasta duchas vaginales con Coca-Cola fueron ensayadas. El dispositivo intrauterino (DIU) de cobre se mantuvo como uno de los más usados por décadas.


A lo largo de la historia, el deseo de controlar la fertilidad ha sido constante… aunque los métodos fueran, muchas veces, más peligrosos que efectivos.

2025/07/08

⚠️ CUIDADO CON LA MUSICA QUE ESCUCHAS

 CUIDADO CON LA MUSICA QUE ESCUCHAS!

LA MÚSICA DE BAJA VIBRACIÓN COMO HERRAMIENTA DE CONTROL EMOCIONAL COLECTIVO


La música siempre fue medicina.

Una llave para abrir el alma.

Una forma de conectar con lo sagrado, con el cuerpo, con el cielo.


Pero algo cambió.


Hoy en día, gran parte de lo que se consume masivamente como “entretenimiento musical” está lejos de sanar.

De hecho, muchas canciones modernas no elevan… sino que anclan.

No liberan… sino que programan.


¿Lo has notado?

Ritmos repetitivos. Letras vacías. Enfoque constante en violencia, deseo inconsciente, consumo, ego, rivalidad o vacío emocional.

Y todo esto se baila, se canta, se normaliza.


Pero lo más potente no es lo que se escucha con los oídos… sino lo que penetra por frecuencia.


Muchos de estos sonidos están afinados a escalas que alteran tu vibración natural.

Frecuencias que no armonizan con el corazón humano, sino que desregulan el campo energético.

Ritmos diseñados no para crear paz… sino para mantenerte atrapado en la estimulación constante y superficial.


Porque cuando el alma está conectada… no necesita ruido.

Pero cuando está desconectada, necesita ritmo para no sentir el silencio.


La música puede usarse como medicina vibracional…

O como herramienta de manipulación emocional colectiva.

Y la industria lo sabe.

Las masas no se dominan con argumentos. Se dominan con emociones inducidas por estímulos repetidos.


Y pocos estímulos son más efectivos que la música.


Piensa:

¿Por qué las canciones más populares repiten las mismas palabras, ideas y emociones una y otra vez?

¿Por qué los artistas que cantan sobre conciencia, conexión, o verdad rara vez llegan a la cima de la radio?


No es solo gusto. Es programación.

Si vibras bajo, no te conectas contigo mism@.

Y si no estás conectad@, eres más fácil de guiar, de consumir, de callar.


¿Te ha pasado que ya no toleras ciertos géneros o letras como antes?

¿Que tu cuerpo se incomoda, aunque no sepas bien por qué?


No estás exagerando.

Tu frecuencia ya no se adapta a la manipulación disfrazada de “hit”.


Por eso, cuando comienzas a despertar, también cambias tu música.

Buscas melodías que sanan, letras que elevan, sonidos que armonizan.


Porque ya no se trata solo de lo que escuchas.

Se trata de cómo vibras después de escucharlo.


¿Has sentido ese cambio en tu relación con la música?

2025/07/07

PALABRAS TAN FUERTES.

 PALABRAS TAN FUERTES‼️

SI VAS A SUMERGIRTE A ÉSTE ESCRITO TE PIDO QUE LLEGUES AL PUNTO FINAL ...


Abandono


A todos nos abandonaron un día.

Y cuando digo abandonar, no me refiero sólo a un acto extraordinario o traumático del pasado. Es más simple, pero duele igual.


A todos nos abandonaron en el medio de un bullicio. 

En el inicio de un proyecto. 

En el placer del logro cumplido. 

En el momento menos pensado. 

En el momento más esperado.


A veces pasa, que te das vuelta y no tienes quien te limpie las lágrimas, quien te de una palmada en la espalda, quien te guiñe el ojo cuando algo te salió bien y quien te limpie las rodillas si llegas a caer al pasto.


Todos sabemos de la soledad que se siente cuando nos sentimos solos.

Porque todos fuimos abandonados un día.

Y entonces, encontramos un secreto tristísimo, un acto paliativo, para tapar ese pozo.


Vemos gente que se come la angustia tragándose un paquete de cigarrillos, 

el otro que corre y corre como un loco a ver si el viento en la cara le vuela ese agujero en el pecho.

Personas que se comen las uñas junto con los nervios y la ansiedad paralizante.

Paquetes de galletitas que van a parar a la boca sin noción de que lo que se intenta matar, no es el hambre. 

O por lo menos, no ese. 

Niños que se perforan la nariz y las venas, con alguna que otra cosa que lo pase a otra realidad por un par de horas. 

El otro se pone a jugar lo que no tiene. 

Tú comprarás compulsivamente cosas que no necesitas, para sentirte un poco vivo por un instante. 

Y yo me quedaré mirando una película, que me habilita disimuladamente a llorar mirando afuera, lo que no tengo ganas de mirar adentro.


Es que somos tan jodidos con nosotros mismos que cuando peor estamos, es cuando más nos castigamos.

Porque todo eso que te comes, te come a ti. 

Te pone peor.

Te suma al abandono, la culpa de hacer algo que sabés que no es genuino. 

Que no es lo que quieres.


No comes así por hambre. 

No te intoxicas por placer. 

No te acuestas con esa mujer por amor.

Tapas. 

Escondes. 

Tiras abajo de la alfombra. 

Cierras los ojos. 

Te pones un bozal y un par de auriculares para no escuchar tu corazón.


Date cuenta. 

Te estás comiendo a ti. 

Y quizá, el secreto esté en frenar. 

En sentir. 

En recordar, que en ese abandono lo que te falta, es lo que tienes que buscar: amor.


Quizá sea hora de pedir ese abrazo. 

De acostarte en las rodillas de tu mamá.

De poner la cara y llamar diciendo, sí, te juro que te necesito. 

Es ahora. 

Después no. 

Ahora.


Anda a esa casa.

Habla con quién te escucha. 

Llora, grita, di, pide y da.

¡Ahora!


Hacer malabares, en medio del desvorlote, no tiene más que un resultado.

Resultado que no va a curar la herida que te sangra, porque le estás tapando con un curita. 

Y las curitas no curan. 

Las curitas tapan. 

Y tú sabes muy bien que el dolor tapado no es dolor sanado.


Para un poquito.

Mira en el espejo de tu alma. 

Frena. 

Mira lo que te falta y sal a buscarlo en dónde creas que lo puedas encontrar de verdad.


No revolotees como mosca en platos vacíos. 

Pide lo que necesitas si ves que solo no puedes.

Porque no hay peor abandono que el que se hace a uno mismo. 

Con eso no se juega.