Confundieron mi paciencia con estupidez y mi silencio con falta de agallas.
Pensaron que porque no salté a la primera me había tragado el feo sin enterarme de la jugada.
Qué poco conocen a una mujer que sabe esperar su momento.
No me gasto en pataletas ni en discusiones de calentón.
Observo, tomo nota, analizo el terreno y coloco a cada cual en el estante que le corresponde.
Y cuando doy el paso, no hay marcha atrás ni segunda oportunidad que valga.
No es rabia: es inteligencia táctica.
Quien piensa que me tiene dominada, solo está presenciando la calma antes de que le cierre la puerta en la cara para siempre.
No es la mentira lo que me molesta…
es creer que voy a tragármela.
Porque cuando me mienten,
no subestiman mi corazón,
subestiman mi mente.
Y ahí está el error:
confundir mi silencio con ignorancia
y mi educación con estupidez.
Y eso, cariño,
es lo que realmente ofende.
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