Ojalá la vida te sorprenda con una tranquilidad que no tengas que ganarte sufriendo.
Que lleguen días en los que puedas disfrutar sin estar esperando que algo salga mal. Personas con las que no tengas que medir cada palabra. Conversaciones que te dejen el corazón más ligero y oportunidades que te recuerden que todo tu esfuerzo no ha sido en vano.
Ojalá tus proyectos encuentren caminos, tus ideas se conviertan en realidades y tus ganas de construir un futuro bonito no se apaguen por las dificultades del presente.
Ojalá también aprendas a recibir.
A dejar que te ayuden, que te escuchen, que te cuiden y que te quieran sin sentir que tienes que compensar inmediatamente cada gesto.
Que no tengas que ser siempre quien puede con todo. Que puedas mostrar tus dudas sin vergüenza y tus alegrías sin miedo a que duren poco.
Y cuando la vida vuelva a complicarse, porque habrá momentos difíciles, ojalá recuerdes que no tienes que resolverlo todo de golpe ni hacerlo siempre en soledad.
Has pasado por cosas que quizá nunca llegaste a contar del todo. Has tenido que aprender, cambiar y seguir adelante incluso cuando no sabías muy bien cómo.
Pero tu historia no está hecha únicamente de lo que has soportado.
También puede llenarse de lo que disfrutas, de lo que descubres, de lo que consigues y de las personas que encuentras por el camino.
Ojalá llegue un día en que mires tu vida y no solo sientas orgullo por todo lo que fuiste capaz de superar.
Ojalá sientas, sobre todo, la alegría de todo lo que por fin puedes vivir.
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