Me enfado y no me importa si la gente se molesta. Cuando me siento hostigada o defraudada, mi reacción es inmediata.
Ay, la vida… esa sí que no perdona.
Te deja ir por ahí pecando con estilo,
escupiendo veneno como si fueras fuente sagrada,
y cuando menos lo esperas… ¡zas! te toca probar tu propio cóctel.
Porque todo vuelve, cariño.
El daño, las palabras, las traiciones y hasta los “yo nunca haría eso”.
Como pecas, pagas.
Y como escupes, tragas.
Así que si vas a lanzar mierda,
al menos que huela bien… porque la vas a oler tú primero.
¡No importa quién esté delante de mí, porque quienquiera que sea sigue siendo una persona, una persona exactamente como yo!
Las personas se respetan mutuamente Yo no te paso por encima y tú no me humillas.
No quiero lecciones de vida y valores de quienes viven sin usarlos.
No acepto la imposición, elijo quién soy, y decido a quién escuchar.
Hoy, mañana y siempre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario