La vida da muchas vueltas, y no lo digo como una frase hecha para sonar bien, lo digo porque pasa, porque lo he visto una y otra vez, nadie se queda siempre en el mismo lugar, ni arriba, ni abajo. Cambian los cargos, las certezas, las posiciones, todo se mueve, y cuando lo hace, lo único que realmente permanece es la manera en la que elegiste comportarte cuando tuviste la opción de ser peor y no lo fuiste.
A veces se confunde el poder con el permiso, el carácter con la mala educación, la autoridad con la superioridad, pero no son lo mismo... La verdadera clase no necesita imponerse levantando la voz ni mirando por encima del hombro, la clase se reconoce en la serenidad, en el respeto, en esa seguridad que no requiere aplausos ni demostraciones.
Porque, al final, la vida gira para todos, y cuando gira, lo que abre puertas no es el ego, ni el miedo que hayas sabido provocar, ni el puesto que hayas ocupado, lo que abre puertas es la educación, ese valor silencioso que algunos desprecian mientras creen no necesitarla, pero que marca la diferencia entre imponer y merecer.
Y cuando todo cambia de lugar, cuando las tornas se invierten y los escenarios se transforman, créeme, la educación es lo único que te permite entrar sin tener que pedir permiso, es lo único que, de verdad, abre las puertas... Hoy estás arriba o abajo, mañana quién sabe, por eso nunca olvides que lo único que realmente te sostiene no es la altura, sino la forma en la que trataste a los demás mientras estabas allí.
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